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DISPUTA / EL RESCATE DEL GALEON SUSSEX
TENGO 4.000 MILLONES BAJO EL MAR


Sr. Valero

SE LLAMA Luis Valero y dice que ha localizado una inmensa fortuna bajo las aguas. Y que él, naviero, halló primero el galeón hundido junto a Gibraltar que ahora quieren rescatar los cazatesoros del Titánic

JUAN C. DE LA CAL


Su fortuna está en el fondo del mar. Un inmenso billete de lotería en forma de lingotes de oro, plata y platino, monedas y piedras preciosas. Su parte del botín son más de 4.000 millones de euros al precio de hoy, la mitad de lo que presuntamente esconden los seis galeones que asegura tener localizados bajo las aguas de tres mares y un océano. Lo tiene difícil pero, si lo consigue, Luis Valero de Bernabé podría convertirse en uno de los hombres más ricos, no sólo de España, sino del mundo entero.

Su nombre ha vuelto a sonar esta semana vinculado al de un barco británico, el HMS Sussex, hundido en aguas del Estrecho de Gibraltar hace más de tres siglos. En sus bodegas se supone que está el mayor tesoro hundido localizado hasta ahora -10 toneladas de oro y 100 de plata en lingotes, 4.000 millones de euros en dinero- por los cazatesoros más prestigiosos del mundo. Y aunque a él no le guste este término, de alguna manera su destino está ligado a ellos.

Valero nació hace 50 años en Madrid y, tras cursar estudios de criminología, se convirtió en armador de barcos para poder dar rienda suelta a su pasión por el mar. Entre otras, es el presidente y principal accionista en España de la empresa Tupet S.A., dedicada a la investigación subacuática, y es el representante en nuestro país de la empresa norteamericana See Hunt, dedicada al rescate de arqueología submarina, o sea, tesoros.

A principios de 2002, Valero realizaba unos trabajos de barimetría geofísica, con la empresa italiana Impresub, para la Red Eléctrica Española cerca de la costa gibraltareña cuando a través del sónar de su barco detectó lo que parecían ser las formas de dos pecios.En Derecho, reciben este nombre las naves hundidas y abandonadas en el fondo marino. Meses después, y gracias a la colaboración de uno de los más prestigiosos arqueólogos submarinos del mundo, el italiano Claudio Bonifacio, se dedujo que los dos navíos naufragados podían ser, por su posición y tamaño -entre 35 y 45 metros de eslora- los del Sussex y el galeón español Santa Ana la Real, hundido en 1620 cuando iba rumbo a Filipinas cargado de «caudales y mercancías».

A nadie se le escapaba la importancia del tesoro que el Sussex debe esconder en sus bodegas. De hecho, la mayor empresa del mundo dedicada a este tipo de rescates, la norteamericana Odyssey Marine Exploration -la misma que rescató los restos del Titánic- llevaba años siguiendo con cierto sigilo la pista de este pecio.

Por eso, Valero no perdió el tiempo e inscribió las coordenadas donde él piensa que está el barco en el registro del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura y de la Junta de Andalucía.Según las leyes del mar de nuestro país, todo resto subacuático encontrado de manera fortuita está protegido por el llamado Derecho de hallador. O lo que es lo mismo: toda persona, física o jurídica, que encuentre un patrimonio de ese tipo y en esas circunstancias tiene derecho al 50% del cargamento tasado al valor fijado por el Estado. Una fortuna en cualquier caso.

De momento, Valero reconoce tener registrados los derechos sobre las fragatas Juno y Galgo, en la costa estadounidense, con unos 1.500 millones de euros en sus bodegas en forma de oro; un galeón en el Cantábrico con carga valorada en otros 1.500 millones; y otros dos pecios más modernos en el Mediterráneo: uno del siglo pasado con 800 millones en piedras preciosas y otro alemán de la II Guerra Mundial, con 200 toneladas de platino a bordo, que hoy superaría también los 1.000 millones de euros a precio de mercado.

Obviamente, el armador no quiere facilitar más pistas. A través de su empresa ya ha solicitado los pertinentes permisos de extracción y reconoce estar negociando con el Gobierno español las condiciones dentro del margen contemplado por las leyes nacionales.


EXTRAÑO NAUFRAGIO


En sí misma, la historia del barco británico y su cargamento es apasionante. A finales del siglo XVII, Francia e Inglaterra andaban enfrascados en una de tantas guerras, que en este caso se llamó Guerra de la Liga de los Ausburgo, o de los nueve años, en lucha por la hegemonía europea. Unos y otros buscan aliados para su causa que, en ocasiones, compraban con dinero. Este es el caso del ducado italiano de Saboya a quién el Rey Sol francés, Luis XIV, ya había hecho una suculenta oferta económica.

Para contrarrestarla, el Rey Guillermo III de Inglaterra decidió enviar por mar un cargamento de oro y plata a este ducado para asegurarse su fidelidad. Así, a finales de 1693 zarpó de las Islas Británicas con destino al Mediterráneo el HMS (Navío de Su Majestad, en sus siglas inglesas) Sussex, nave capitana de la flota inglesa: un galeón armado con 80 cañones y tripulado por 500 marineros al mando del almirante sir Francis Wheeler.

Tras realizar una inesperada -y extraña para los historiadores- escala en Cádiz, el barco recaló finalmente en Gibraltar donde cargó su tesoro. El 18 de febrero de 1694 partió del Peñón capitaneando una flota de 40 buques de guerra que, a su vez, escoltaba a 166 mercantes, con destino a la península italiana. Pero al día siguiente, un violento temporal de Levante diezmó el convoy hundiendo numerosos barcos, el Sussex entre ellos.

Dicen las crónicas que sólo sobrevivieron dos de sus tripulantes y que el cadáver del almirante Wheeler fue encontrado días después en las costas gaditanas con su pijama puesto, lo que da idea de la rapidez y virulencia del hundimiento del galeón. Este último detalle ha inspirado una teoría, no refrendada por ningún experto todavía, que apunta a que el almirante fue asesinado y la carga del barco expoliada en tierra. Otras hipótesis apuntan, incluso, que el oro fue realmente cargado en Cádiz, y no en Gibraltar, como un préstamo del Reino español al británico que se hallaba en bancarrota técnica.

A 900 metros de profundidad y a unas 5,5 millas marinas al sureste de Gibraltar es donde, más o menos, Valero y su gente piensan que se encuentra el ahora pecio.

Por su parte, los norteamericanos de Odyssey llevan siguiendo su rastro desde 1995 cuando un investigador les hizo llegar una carta obtenida de un archivo británico donde se reconocía la importancia de la carga. Tres años después enviaron un primer buque de inspección a la zona, de pequeño tamaño, con el objetivo de cartografiar el fondo de esta zona del Estrecho de Gibraltar.

Según Greg Stemm, director del proyecto en Odyseey, con base en Florida, esta primera prospección se hizo «con el permiso del Gobierno central español. Se localizaron 418 objetivos, entre ellos barcos fenicios, romanos y griegos. Finalmente, cuando uno de nuestros minisubmarinos encontró un cañón que pensamos pertenece al Sussex, y que hoy está depositado en el Museo de Arqueología Marina de Cartagena, registramos sus coordenadas en el año 2001».

Con todos estos indicios, ¿a quién pertenece el tesoro del Sussex? «Estamos ante una situación muy compleja a nivel jurídico ya que se trata de un navío británico, hundido en aguas españolas, con el conflicto de Gibraltar por medio, reclamado por un español y por una empresa norteamericana, y con varios ministerios -Cultura, Fomento y Exteriores- implicados, más la propia Junta de Andalucía.Además, está el conflicto de intereses entre la salvaguarda del patrimonio cultural y el meramente especulativo de los cazadores de tesoros. Aquí se han cometido muchas irregularidades», asegura el investigador italiano Claudio Bonifacio.

Para empezar, y según ha podido saber CRONICA de fuentes cercanas a la Guardia Civil, algunas de las prospecciones hechas por los barcos de Odyssey se realizaron sin ningún tipo de permiso. El primero de sus barcos operó desde el puerto de Sotogrande, donde obtuvo licencia para trabajar como «buque oceanográfico» de carácter turístico. Y fue expulsado en dos ocasiones de aguas jurisdiccionales españolas por efectivos de la Benemérita.


ENGAÑOS


Posteriormente, la prospección de 2001 contó con un curioso permiso expedido por el Ministerio de Cultura que no tiene competencias en este asunto, ya que fueron transferidas a las Comunidades Autónomas en 1985. Ante las protestas de la Junta de Andalucía por esta concesión, la Guardia Civil pudo comprobar como la empresa norteamericana mintió en su solicitud del permiso al asegurar que buscaba un pecio de nombre Cambridge. Además se excedió del perímetro autorizado y no siempre se había seguido el protocolo de que hubiese presente alguien de la armada española durante las operaciones de rastreo.

«Nadie sabe lo que esta empresa puede haber sacado del fondo del mar en estos ocho años. Además, con esa excusa, tienen localizados decenas de pecios en el Estrecho. Y esa es una información muy valiosa. Ellos siempre ganan porque Odyssey es una empresa pública, es decir, cotiza en la Bolsa norteamericana. Y cuando saltó la noticia del hallazgo del Sussex, sus acciones se revalorizaron un 20% ante la expectativa de hacerse con su tesoro. Simplemente con que sus barcos estén por la zona, el precio se mantiene», asegura Luis Valero.

En estos momentos, la empresa norteamericana tiene a su mejor barco, el Odyssey Explorer, operando en el puerto del Peñón de Gibraltar desde donde sale casi a diario a navegar por aguas del Estrecho. A veces fondea también en alguno de los puertos marroquíes de la zona, por lo que no se descarta la implicación de este país en la búsqueda del pecio británico. Estas mismas fuentes de la Guardia Civil han reconocido que, a petición de la Junta de Andalucía -a través de la subdelegación del Gobierno- anotan las salidas y entradas del barco al Peñón y que tienen «más o menos» localizadas las coordenadas donde puede estar hundido el Sussex.

Para realizar estas prospecciones, Odyssey tiene suscrito un contrato con el Royal Navy Museum de Portsmouth, institución que asesora al Ministerio de Defensa británico, que le faculta para acometer la extracción del pecio una vez que no haya dudas de que se trata de ese barco. En caso contrario se anularía el contrato que contempla que Odyssey se quedaría con el 80% de los primeros 40 millones de euros rescatados, y con la mitad hasta los 456 millones. A partir de esa cantidad, el 60% quedaría para Gran Bretaña.

Ante la proliferación y sofisticación de las empresas cazatesoros, cuya forma de actuar no siempre respeta las legislaciones internacionales, el patrimonio arqueológico ni medioambiental, la Asamblea General de la UNESCO aprobó en noviembre de 2001 el primer convenio de la historia sobre Protección del Patrimonio Arqueológico Subacuático, ratificado por la mitad de los países miembros.

Entre las decisiones más importantes destaca el acuerdo de considerar que los llamados Navíos de Estado, aquellos fletados por un Gobierno concreto, siguen siendo territorio de ese país aún en el fondo del mar. Por lo tanto su propiedad y la de su carga pertenecen a la nación bajo cuya bandera navegaron. Otro punto importante es que la extracción de los restos del pecio sólo puede hacerse tras obtener el permiso del país que ostente la titularidad de las aguas donde se encuentre.


SIN LUCRO


Curiosamente España, la mayor potencia mundial en barcos sumergidos por todo el orbe, es la principal promotora de esta decisión tras la batalla legal mantenida hace unos años contra un cazatesoros norteamericano, Ben Benson, que pretendía hacerse con los restos de la fragata Juno, que naufragó frente a las costas de Virginia en 1802 con cargamento en plata valorado en 500 millones de dólares.Para evitarlo, el Gobierno español contrató a un bufete de abogados de Nueva York que consiguió el apoyo de las autoridades norteamericanas para impedir a Benson extraer la fragata, obligándole a entregar a nuestro país todo lo que haya recogido de ella.

Esta fue la primera vez que España reclamó la propiedad de un barco hundido, sentando así un precedente internacional que se contempla en el caso del Sussex. «La Ley de Patrimonio Cultural español, de 1985, sanciona penalmente la comercialización y el lucro de los restos submarinos extraídos en nuestras aguas. Entonces, de acuerdo a esa norma, no le pueden dar permiso a una empresa cuyo fin único es ganar dinero subastando todo lo que saque.Sería algo así como si a un amigo de tu crío le dejaras hacer en casa lo que no le permites a tu propio hijo», afirma Valero.

Nadie duda de que la caza de tesoros es un negocio sustancioso.La sala de subastas internacionales Christie´s, una de las mayores del mundo, obtiene anualmente beneficios por valor de más de 20 millones de euros por lo que denomina «material conseguido legalmente o bajo licencia, procedente de pecios históricos».

De momento, y aunque desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se reconoce que Odyssey está tramitando los permisos, ningún organismo español ha autorizado a esta empresa a extraer el pecio.¿Bajarán entonces sus acciones en bolsa?...


La Junta advierte al "Odissey" que no puede extraer los tesoros del "Sussex"


DIARIO DE SEVILLA

F. V. / REDACCIÓN

Sevilla. La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía aclara que el buque Odissey no puede extraer el navío de guerra británico Sussex, hundido en aguas del estrecho de Gibraltar en 1694, sin la autorización expresa de la Junta. La empresa norteamericana Odyssey Marine Exploration, que desde el pasado noviembre tiene a dos embarcaciones navegando por el Estrecho con el objetivo de extraer los tesoros que custodia en sus bodegas este navío –diez toneladas de oro y cien de plata, valoradas en unos 4.500 millones de euros–, no ha solicitado oficialmente este permiso a la Junta, organismo que detenta las competencias en temas patrimoniales. Lo único que posee son los derechos de salvamento del pecio otorgados por el Gobierno británico, insuficientes para poder llevar a cabo legalmente la extracción de este codiciado barco.
Durante el pasado mes de diciembre, la Guardia Civil realizó dos avistamientos de buques en la zona, siendo uno de ellos el Odissey. Tras ser abordado por patrulleras, le fueron solicitados los permisos correspondientes para trabajar en la zona y al no disponer de ellos fue obligado a regresar a su puerto de atraque, el de Gibraltar.

Con fecha 19 de enero, la Capitanía Marítima de Algeciras informó al Centro Andaluz de Arqueología Subacuática que la empresa había solicitado autorización para trabajar en una zona que no se localiza en aguas territoriales españolas aunque, tampoco, internacionales. Se trata de un área denominada Zona Contigua. Tanto Capitanía Marítima como la Guardia Civil están efectuando el correspondiente seguimiento, pero por el momento no han avistado ningún barco que haya salido de Gibraltar para trabajar en la zona en cuestión.

La Zona Contigua no es una zona de soberanía sino un espacio en el que el estado ribereño, en este caso España, ejerce determinadas competencias funcionales. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982 reflejó que un estado ribereño puede presumir que la remoción sin su autorización de objetos arqueológicos de los fondos marinos de su zona contigua constituye "una infracción, cometida en su territorio o en su mar territorial" y, por tanto una vulneración de las leyes marítimas y sus reglamentos.

En consecuencia, la Consejería de Cultura estima que si efectivamente los trabajos de índole arqueológica para la recuperación del Sussex que pretende realizar la Odissey Marine Exploration, se localizan en algún punto de las aguas territoriales españolas, o bien en la zona contigua a las mismas, tales actividades deberán contar con la preceptiva autorización de la Junta de Andalucía como autoridad competente en la materia, debiéndose tramitar por parte de la empresa en cuestión el correspondiente proyecto de investigación, proceso éste que hasta la fecha no se ha producido. Así las cosas, el órgano andaluz advierte que, sin la preceptiva autorización, estos trabajos de extracción se considerarán ilegales. La presencia del Odissey en la costa andaluza no es nueva. De hecho, las prospecciones, sin autorización, comenzaron en 1998 y se repitieron en 1999, 2000 y 2001, en las que barrieron más de cuatrocientas millas y localizaron 418 objetivos. Se estima que en estos ocho años de prospecciones se han invertido unos dos millones y medio de euros, cantidad que la empresa querrá amortizar con la extracción del tesoro que oculta en su interior el malogrado Sussex.

 
El Mundo/Diario de Sevilla
 
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