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LA CLOACA

La cloaca es sucia y pestilente, caverna de corrompida entraña. Laberinto de hedionda estirpe; un asqueroso reptil subterráneo. 

 

A la cloaca siempre va a parar el desecho, lo que nadie guarda, lo que fluye por conductos repugnantes, los vertidos más nauseabundos que puedan imaginarse. La cloaca es el circuito en el que compitan las aguas fecales. A veces, son tantos los desechos que ha de tragar, que se atasca. Y suelta a borbotones la negrura de su alma.

 

La cloaca interioriza por naturaleza. Todo se lo traga. En la cloaca la luz es escasa y lo que brilla no es precisamente el lucero del alba. Hasta la masa viscosa que todo lo tapiza tiene un brillo vítreo y ondulado. Y es que lo repugnante también puede tener un destello momentáneo.

 

Hay animales que se han habituado a vivir en la cloaca, a jugar y chapotear en el viscoso pringue de su ser. Es difícil, es casi imposible permanecer dentro de ella sin pringarse. En algunas ocasiones, alguien, que no se sabe muy bien de lo que huye, o quizás porque su trajinada posadera ha perdido la poltrona, acepta refugiarse en una cloaca; algo temporal, algo momentáneo, mientras encuentra algo mejor, sabes?. Posiblemente, se esfuerce en mantener su limpia apariencia, pero es difícil que lo consiga. Puede ser que le empujen, o que resbale, pero siempre terminará rebozado, como una croqueta de alcantarilla. Y eso cuenta. Se sabe donde están las cloacas, se sabe lo que hay dentro de ellas, se sabe que son asquerosas, pero de momento, no se ve la forma de eliminarlas. Incluso tienen un buen presupuesto y una amplia red de recolectores y pringados a sueldo. Y lo más extraño, es que no se quiera prescindir de ellos. Son tan necesarios como el estiércol. Hieden, pero fertilizan a lo grande.

 

Que oscura y repugnante ha de ser la vida de quienes viven permanentemente en la cloaca. Aunque es probable que muchos de los habitantes de esos antros encuentren el placer en sentirse importantes. Su ética graduable, tras un período de adaptación, pueden modularla en función de la misión que les ha encomendado. Y casi seguro que no sufren, se han adaptado. Son como ratas con doctorado. Igual les da pringarse con el chapapote del “Prestige” que con el sedimento putrefacto extraído por una draga. Lo suyo es eso, y no ven razón para hacerle ascos. Su repulsivo producto suele llegar a la mar en forma de vómito camuflado. Los de la cloaca ven una competencia desleal en las depuradoras y en las campañas de “limpieza a fondo”. Qué lástima que haya tanta cloaca. Y que sea tan escaso el interés en eliminarlas. Si cada día se generan más deshechos, qué tiene de extraño, que cada día se destapen más cloacas?

 
AEMC
 
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