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A QUIENES ARRIESGAN SU VIDA POR MARES Y OCÉANOS

En la mar el riesgo es permanente. La vida tiene un valor escaso. Los avances tecnológicos, los puentes ultramodernos, las salas de máquinas desasistidas, los controles remotos, la navegación por satélite, las telecomunicaciones, las cartas electrónicas, absolutamente todo se ha desvelado insuficiente para reducir drásticamente los accidentes marítimos.

            

                           Barco hundiéndose frente  a las costas de Madagascar. 2009

Los siniestros marítimos no cesan. Imágenes como esta, publicada por una prestigiosa revista francesa, quiebran la voz de quienes hacen del discurso falaz su modus vivendi. 

Banderas de conveniencia, militarismo náutico y tecnoburocracia naval representan la mayor amenaza para quienes ejercen su profesión a bordo de los buques civiles. Por acción, por omisión o por complicidad con el capitalismo salvaje, ellas y ellos son responsables directos de la alta siniestralidad que se padece en la Marina Civil.

Algunos se escudan en que los riesgos están cubiertos, pero no hay seguro que pueda recompensar la pérdida de una vida, ni hay razón para el incremento de inseguridad en base a un mayor margen de beneficio.

Sobra literatura sobre seguridad marítima, sobran declaraciones y proyectos redactados  con  “distinguido” membrete, sobran los fariseos especializados en hacernos ver que velan por la seguridad de la vida en la mar. Sobran “trileros” de la normativa marítima. Es necesario que OMI, OIT, UE y toda esa colección de siglas que representan a los poderes fácticos del shipping, los genuinos representantes de quienes imponen sus criterios sobre vidas y bienes en la mar, actúen  con un mínimo respeto por la vida y la integridad física de las personas que navegan. Es preferible que legislen menos, pero sean eficaces en la consecución de los objetivos propuestos. Hasta hora están resultando falaces e ineficaces en su misión. Pero, por favor, no se den más golpes de pecho, no vaya a ser que se les claven las medallas y las tarjetas de crédito. Saben perfectamente que su estrategia de seguridad no resulta eficaz. Han agotado el modelo. Dicen y escriben, pero no hacen. Son autores de papel mojado. Bufones de salón de conferencias. Paradójicamente, sus librerías están tan repletas papeles "safety", tan repletas como lo están los registros de siniestros y secuestros.

Han de ser también los propios marinos quienes deben unirse estrechamente para defender sus vidas y su dignidad como profesionales, para que esta sociedad los considere y los trate como personas que están prestando un alto servicio a la sociedad que vive en tierra. Ya hay quienes se encargan de de hacer de todos los marinos simples marineros.

Explotar de forma salvaje a los profesionales de la mar, invocando una absurda competencia, una carrera sin sentido para fabricar lo que no necesitamos, una loca competición para acelerar la destrucción de este planeta, no puede ser un objetivo defendible más que por mentes enfermas.

Las porras que magullaron las espaldas de los manifestantes de Copenhague deberían aporrear también nuestras conciencias. A fin de cuentas, ellos y ellas nos estaban defendiendo. Estaban defendiendo un plantea que se desmorona en sus hielos, que hiede, que tiene la venas cada día más negras, que exhala gases tóxicos, que acumula basuras y paradógicamente deja en el paro a quienes trabajan para que el sistema progrese.

Vaya hoy nuestro recuerdo para quienes viven estas fiestas surcando los mares, haciendo su trabajo en condiciones duras y con un alto riesgo.

 
aemc
 
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