Colón y el descubrimiento de la verdad

El descubrimiento de la verdad

25 de mayo de 2023

La figura de C. Colón esta siendo motivo de protestas y actos de rechazo. Son varios los países en los que se han derribado estatuas del marino más universal de la historia, utilizando argumentos carentes de ponderación.

Cristóbal Colón, como persona de carne y hueso que era, es muy probable que cometiese errores y que, en el ejercicio de sus competencias, incurriese en algunos abusos. En cualquier caso, esa es una parte de la historia que habrá de ser analizada con el rigor y el detalle necesario, ponderando con sensatez todos los factores y jerarquías que condicionaron sus actuaciones. Lo que sí ha de estar claro en lo relativo al indecente tráfico de esclavos es que, ni Cristóbal Colón fue el promotor del condenable negocio de la esclavitud, ni su responsabilidad puede ser comparable a la quienes  ejercían el poder absoluto, como los Reyes Católicos y la Iglesia católica, cuya participación en esclavismo cada día aflora con más fuerza.

La historia de Colón debe ser revisada en profundidad para conocer su verdadera actuación como persona y como capitán de la Marina Civil de aquel tiempo. Instalarse en versiones adulteradas, basadas en ocultaciones, en fobias inconfesables, en supuestas supremacías ideológicas, en documentos falsificados, en políticas bastardas, en medias verdades y odios propios de grupos que defienden lo uno y su contrario, nunca ha de ser el mejor camino para sacudirse de encima una leyenda negra, que puede que tenga más de negra que de leyenda. El prestigio de determinadas instituciones eclesiásticas, militares o civiles no puede estar basado en el desprestigio de la Marina Civil y de sus profesionales, como ha sido habitual hasta ahora. Las grandes gestas náuticas que encumbraron a España en el pedestal de la Historia, convirtiéndola en un gran Imperio- con todos los reproches y ventajas que eso significa- fueron realizadas por marinos civiles, como lo fueron Cristóbal Colón, los Pinzón, los Vespucio, Magallanes, Elcano, Urdaneta, Pedro Menéndez de Avilés. Santa Cruz, Sarmiento de Gamboa, Legazpi, Gaztañeta, y tantos otros; sin olvidar a los que, sin figurar nominalmente en los anales de la historia, contribuyeron a estos éxitos o dejaron sus vidas o su integridad física en los mares y océanos del planeta. Ni la Corona Española, ni los gobiernos de este país, ni los narradores oficiales deben de seguir prostituyendo la Historia de la Marina Civil y de los marinos civiles.

Es hora de afrontar la historia marítima española con realismo, sin apriorismos ni narrativas sectarias, sin la veneración a los privilegios propios de absolutismos  monárquicos y prebendas dictatoriales. 

Un país rodeado de mar y con una historia marítima tan extraordinaria como la de España, no puede vivir mirando al eterno trigal, dándose cínicos golpes de pecho y narrando falsedades para ser héroes de batallas perdidas, o para eternizarse como pretendidos referentes espirituales llenos de virtud y ejemplaridad, cuando lo que han dejado tras de sí es algo muy distinto.

La historia si no busca la verdad no es más que una patraña, aunque esté narrada de forma brillante.  

Hay hechos que deben ser conocidos y evaluados por el conjunto de la sociedad.

Se reproducen a continuación unos párrafos de la obra titulada "La Historia de la esclavitud" para que todos podamos asomarnos con mayor realismo a nuestro pasado.  

El repudiable esclavismo es muy anterior a Cristóbal Colón. En la España de los Reyes Católicos se realizaba el tráfico de esclavos, con el pleno conocimiento de la Iglesia Católica. Y algunos destacados personajes que asumieron la máxima gestión de los asuntos indianos tenían sus propios esclavos.

La lacra del esclavismo en ningún caso debería ser focalizada en la figura de C. Colón, salvo que la estrategia sea adorar la imagen de un falso almirante de la Armada Española, mientras se socavan los cimientos de un marino civil sin precedentes. Hay un solo Cristóbal Colón.

HISTORIA DE LA ESCLAVITUD

Escrita por José Antonio Saco

La Habana, 2006

ISBN 959-7078-51-1 obra completa

ISBN 959-7078-54-6 volumen III

Ediciones IMAGEN CONTEMPORÁNEA

Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, L y 27, CP 10400, Vedado,

Ciudad de La Habana, Cuba

 

Acerca de la situación de la verdadera Guinea, repítese el mismo error en la carta que el papa Inocencio VII escribió a Bethencourt en 1406, a consecuencia de la que sobre las conquistas hechas por éste en Canarias había el rey de Castilla dirigido a aquel pontífice. Oigamos la relación ya citada.

El Rey de España [dice el Papa a Bethencourt] me escribe que habéis conquistado ciertas islas, las cuales ya son cristianas, y habéis hecho bautizar a todos sus habitantes, por lo cual yo os quiero tener por mi hijo e hijo de la Iglesia, y seréis causa y principio de que habrá otros hijos que conquistarán después cosa más grande, porque así como yo entiendo, el país de Guinea y de Berbería no están más de 12 leguas, y aun me escribe el Rey de España que habéis recorrido diez leguas en el referido país de Guinea, y que habéis matado y llevado sarracenos”.75

Según los pasajes que acabo de citar, dábase entonces el nombre de Guinea a un país de Marruecos muy diferente del que descubrieron los portugueses en años posteriores, y situado en tierras bien lejanas de aquella comarca. Asunto histórico-geográfico, del que ampliamente trataré en su oportuno lugar. Infundadas eran las reclamaciones del Gobierno español. Así fue, que no obstante ellas, el de Portugal convencido de su buen derecho, mantúvose firme en su propósito, y a fines del reinado de Enrique IV de 242\ Castilla que murió en 1474, ya había el portugués lanzado al español de la verdadera Guinea.76 Exacerbados los ánimos, menos por la cuestión de África que por motivos políticos que no es del caso referir, estalló la guerra en 1475 entre Castilla y Portugal, y en aquel mismo año expidieron los Reyes Católicos la cédula de 19 de agosto, mandando que se empleasen todos los medios posibles para impedir a los portugueses el comercio de África; que se estableciese la exacción de los quintos de ella y de Guinea; que se nombrasen en Sevilla recaudadores de esta contribución; y que ningún súbdito de la Corona de Castilla pudiese sin permiso especial de ella, emprender viaje a dichas tierras, so pena de muerte y de confiscación de todos sus bienes.77 Y como prueba de que entre las mercaderías de Guinea se sacaban esclavos negros para España, véase el título de Escribano Mayor de todos los buques que a Luis González se expidió en la ciudad de Toro a 6 de diciembre de 1476.78

No fueron sordos los españoles a la voz de sus monarcas. Armáronse expediciones, y en 1477 una nave empujada por los vientos, según pretende un cronista español, llegó a las costas de la Mina del Oro. Hernando del Pulgar dice: “En aquellos tiempos [año de 1477], en las partes de poniente, muy lejanas de la tierra de España, podría ser en número de 1 000 leguas por mar, se fallaron unas tierras de gente bárbara, homes negros, que vivian desnudos y en chozas: los cuales poseían mineros grandes de oro muy fino, é fallose de esta manera. Una nao de un puerto de los de España con fortuna que ovo tiró por la mar adelante contra aquellas partes de poniente, donde el viento forzoso la llevó, é paró en aquella tierra”.79

Equivócase mucho Pulgar, porque en 1477 la Mina del Oro había sido ya descubierta por los portugueses. Lo que yo creo es que aquella nave fue la primera española que llegó a aquel paraje, y que habiendo trocado por oro los artículos de poco valor que llevaba, tornó a España pregonando las riquezas que había encontrado. Esparcidas que fueron nuevas tan lisonjeras cargáronse en los puertos de Andalucía algunas carabelas de ropas viejas, de pedacitos de cobre y latón, y más que todo, de conchas marinas que se cogían con abundancia en las islas Canarias, y tomando el mismo rumbo, obtuvieron en cambio el oro que buscaban. Pequeños eran los buques empleados en esta carrera, necesitando para ir de dos o tres meses, y de siete u ocho para el viaje redondo. Los negros hacían el tráfico reuniéndose al son de bocinas que tocaban los españoles para anunciarles su llegada, y viaje hubo que rindió 10 000 pesos en oro. Con el objeto de fomentar aquel comercio, la reina Isabel concedió a sus súbditos en 4 de marzo de 1478 facultad de ir a la Mina del Oro con todo género de mercancías;80 pero esta disposición fue funesta en sus resultados, porque los buques que salían, eran perseguidos por los portugueses, y en 1479 cogieron muchos que regresaban a la Andalucía con ricos cargamentos.81

Ajustáronse al fin las paces entre las dos naciones beligerantes, y por el tratado que la reina Isabel ratificó en Trujillo a 27 de septiembre de 1479, pactose que la conquista de Fez y el comercio y navegación de Guinea y de la Mina del Oro perteneciesen exclusivamente a Portugal, reservándose a la Corona de Castilla todas las islas Canarias conquistadas y por conquistar. Las carabelas procedentes de la Mina del Oro que arribaron a los puertos de Andalucía en 1480, fueron las que se fletaron antes de la paz, y para las que el rey de Portugal dio salvoconducto a petición del Gobierno español.82

Si los súbditos de éste quedaron desde entonces excluidos por aquel tratado del comercio con las costas de Guinea, no dejaron, sin embargo, de hacerlo en varias ocasiones, ya con permiso del monarca portugués, ya valiéndose del contrabando. No obstante, las nuevas capitulaciones asentadas entre los Reyes Católicos y el de Portugal en 7 de junio de 1494,83 los españoles armaron en el mismo año algunas carabelas, con las que robaron muchos negros en la costa de la verdadera Guinea. Contra infracción tan escandalosa reclamó el Gobierno de Portugal; y tomando el asunto en consideración los Reyes Católicos, mandaron por la Cédula de 4 de febrero de 1495 prender en Cádiz a Alonso de Morales, vecino de aquella ciudad, y a Lorenzo Artero, piloto portugués establecido en la Gran Canaria, como principales armadores de aquellas carabelas.84

Que muchedumbre de esclavos negros de las costas occidentales de África se habían introducido en Andalucía en los siglos XIV y XV, muéstralo un pasaje de Ortiz de Zúñiga, analista de Sevilla: “Había, dice, años que desde los puertos de Andalucía se frecuentaba navegación a las costas de África y Guinea, de donde se traían esclavos negros de que ya abundaba esta ciudad, y que a la Real Hacienda provenían de los quintos considerables útiles; pero desde los últimos del rey don Enrique,85 el rey don Alonso de Portugal se había entrometido en esta navegación, y cuanto en ella se contrataba era por portugueses...”.86

Muy digno de atención es el estado en que entonces se hallaban los esclavos negros de Sevilla y de todo aquel arzobispado. Y cumple a este propósito transcribir las palabras de Ortiz de Zúñiga. “Eran, dice, en Sevilla los negros tratados con gran benignidad desde el tiempo del rey don Enrique III, permitiéndoseles juntarse a sus bailes y fiestas en los días feriados, con que acudían más gustosos al trabajo, y toleraban mejor el captiverio, y sobresaliendo algunos en capacidad, a uno se daba el título de mayoral que patrocinaba a los demás con sus amos, y con las justicias componía sus rencillas, hállase así en papeles antiguos, y acredítalo una cédula de los reyes dada en Dueñas a 8 de noviembre de este año, en que dieron este título a uno llamado Juan de Valladolid, su portero de cámara: ‘Por los muchos, buenos, é leales, é señalados servicios [dice su tenor] que nos habeis fecho, y faceis cada dia, y porque conocemos vuestra suficiencia y habilidad y disposicion, facemos vos mayoral, é juez de todos los negros, é loros libres o captivos, que están e son captivos, é horros en la M. N. é M. L. ciudad de Sevilla, é en todo su arzobispado, é que non puedan facer ni fagan los dichos negros y negras, y loros y loras, ningunas fiestas, nin juzgados de entre ellos, salvo ante vos el dicho Juan de Valladolid negro, nuestro juez y mayoral de los dichos negros, loros y loras; y mandamos que vos conoscais de los debates, pleitos, casamientos y otras cosas que entre ellos hubiere, é non otro alguno, por cuanto sois persona suficiente para ello ó quien vuestro poder hubiere, é sabeis las leyes é ordenanzas que deben tener, é Nos somos informados que sois de linaje noble entre los dichos negros etcétera’ ”. “Tan piadosamente [así continúa Zúñiga] era tratado su captiverio y despreciado color, y hallo otros memoriales de este notable negro Juan de Valladolid, y que por la estimación con que se portaba, le llamaban comúnmente el conde negro, y dura su nombre en una calle y corrales fuera de la puerta de Carmona a las espaldas del sitio en que tienen los negros su capilla intitulada de Nuestra Señora de los Ángeles en que está su cofradía. Tan antigua que se afirma haber sido su autor el arzobispo don Gonzalo de Mena que murió el año 1401 en cuya memoria en la ocasión que fue trasladado su cuerpo al monasterio de la Cartuja; los negros para acompañar la procesión, hicieron particular regocijo, como a su patrón y bienhechor”.87

La prolongada guerra entre sarracenos y españoles que tantos esclavos había producido, estaba en víspera de renovarse en el suelo peninsular; pero antes armó el rey de Castilla una expedición en 1400 para castigar a los corsarios musulmanes que infestaban el estrecho de Gibraltar y que tenían por guarida a Tetuán. Efectivamente, asaltada esta ciudad fue destruida, y sus moradores llevados a España, como esclavos.88 Surcaban también las aguas de Gibraltar 23 galeras de los reyes de Túnez y Tremecén. De los puertos de Vizcaya salieron, a principios del siglo xv, seis naves y ocho galeras bien tripuladas y juntándose algunas de ellas con otras que mandaba el infante don Alfonso Enríquez, éste, aunque inferior en fuerza, trabó combate con la flota enemiga en aquel estrecho, echó a pique algunas de ellas, dispersó otras y apresando ocho entró con ellas triunfante en Sevilla, siendo de inferir que sus tripulaciones serían esclavizadas. Acostumbraban ajustar treguas españoles y musulmanes, y a fines del siglo XIV renovaron la que existía entre Enrique IV de Castilla y Yussuf II de Granada. Pero quebrantada a principios del siglo XV por Mohamed VI, emir de Granada, entraron los moros en tierras cristianas por la frontera de Murcia, cometiendo graves daños. Encendida entonces la guerra por varios puntos, los españoles vengáronse a su vez, matando y esclavizando infieles. Las circunstancias difíciles en que éstos y los cristianos se hallaban, obligáronlos a pactar un armisticio a fines de abril de 1408. Renovadas las hostilidades en 1410, púsose en marcha contra los enemigos el infante don Fernando de Castilla llamado después el de Antequera; encontráronse los dos ejércitos en los campos de Archidona; espantosa fue la matanza de moros, pues dícese que ascendió a 15 000, número que no correspondió al escaso de 500 moras que fueron cautivas.89

Ajustáronse en 1410 nuevas treguas por 16 meses entre Granada y Castilla, bajo la condición de dar el príncipe moro rescate a 300 cautivos en tres plazos; lo cual cumplió puntualmente. La anarquía que desolaba a las Castillas y Andalucía alentó al rey Aben Osmín, el Cojo, de Granada, a hacer una algara terrible por tierras de Huesca, Galera y otros lugares. Con el hierro y el fuego en la mano quemó campiñas y esclavizó soldados, mancebos y doncellas que llevó a su capital en 1447.90