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El carguero Egehan obtuvo anoche permiso para navegar rumbo a un astillero de Estambul donde debe ser reparado antes de volver de nuevo al mar
El carguero turco Egehan abandona el muelle del puerto de Alicante en el que ha permanecido atracado durante los últimos ocho meses en una imagen tomada ayer por la tarde CRISTINA DE MIDDEL
MERCEDES GALLEGO
Ocho meses después de que Capitanía Marítima de Alicante decretara su inmovilización por las múltiples deficiencias que presentaba, el carguero Egehan partió a las 19,15 horas de ayer rumbo a Turquía, de donde son el armador y la tripulación contratada para trasladar el barco, para ser sometido a una profunda reparación antes de echarse de nuevo al mar.
El Egehan, que llegó a Alicante en mayo con bandera panameña y partió anoche bajo divisa de Tanzania, era uno de los dos mercantes que permanecían atracados en el puerto desde la primavera pasada. Desde entonces, el único marinero de este barco y los siete del otro -el Ecgtacy, de armador y tripulación de India y que también llegó a Alicante con bandera panameña-, vivían abandonados a su suerte en un limbo que ayer acabó en el caso del turco pero en el que aún permanecen cuatro de los siete ciudadanos indios.
El mercante Egehan, que llegó Alicante con una carga de fertilizante inutilizada tras haberse mojado durante la travesía precisamente por el lamentable estado del casco, tuvo que salvar primero el embargo dictado por un juzgado de Alicante a instancias del propietario de la carga -medida que fue levantada el pasado noviembre- y hacer frente a los 15.000 euros de sanción impuesta por Capitanía y a los gastos que se han generado durante estos ocho meses de estancia en el puerto de Alicante. Una vez solventados todos los inconvenientes, y dado el interés del armador por recuperar el barco, la Sociedad de Clasificación emitió por fin un permiso para realizar un viaje, el que llevará al carguero desde Alicante hasta un astillero de Estambul donde debe ser reparado.
Desde que el mercante llegó a Alicante, diez de sus once tripulantes han ido regresando a Turquía permaneciendo a bordo por toda tripulación un chaval de 24 años, Salauk, que se ha ocupado del buque hasta ahora.
Durante este tiempo, no sólo desde Capitanía Marítima se han preocupado por el estado de éste y de los otros siete marineros del carguero indio. También lo han hecho desde la UGT de mar cuyo responsable, Carlos Bonet, consiguió que el armador turco abonara a los marineros los salarios que les debían y los billetes de avión a Turquía.
Desde el Instituto Social de la Marina han estado asimismo pendientes de estos trabajadores e incluso el Banco de Alicante proporcionó el pasado verano 300 kilos de comida a los ciudadanos indios. El turco aseguró que no precisaba nada y que el armador le mandaba dinero para comprar víveres.
La marcha del Egehan del puerto de Alicantre también será motivo de alegría para profesores y alumnos del Instituto Naútico Marítimo Pesquero del Mediterráneo al liberar un espacio en el que se realizan habitualmente unas prácticas que se han visto entorpecidas estos meses por la presencia de este mercante de 82 metros de eslora.
LOS INDIOS SIGUEN EN ALICANTE
Los últimos cuatro tripulantes del carguero indio Ecgtacy en una fotografía de ayer por la mañana CRISITNA DE MIDDEL
Menos suerte que sus colegas turcos han tenido hasta el momento cuatro de los siete marineros abandonados desde hace ocho meses en Alicante por el armador del Ecgtacy
M. G. Menos suerte que sus colegas turcos han tenido hasta el momento cuatro de los siete marineros abandonados desde hace ocho meses en Alicante por el armador del Ecgtacy, el carguero indio al que se le han detectado hasta 47 deficiencias de graves a muy graves y cuyo estado hace complicado que pueda volver al mar. De los siete hombres que permanecían en el barco hace apenas unos meses, tres -uno de ellos el capitán- han logrado cobrar sus salarios o llegar a acuerdos económicos tras los que han regresado a India. Entre los que se han quedado, los tres mecánicos y el cocinero, que ayer manifestaban las ganas de que la situación se resuelva cuanto antes. Ellos confían en que esto se produzca en el plazo de un mes. Aseguran que están en contacto permanente con al armador, que les envía dinero para comida, y que el día de Navidad el único cristiano del grupo -hay un musulmán y dos hindúes- compró una botella güisqui para invitar al resto. Aún siendo conscientes de las deficiencias del barco, aseguran que nada de lo que les está ocurriendo hubiera pasado de no haber venido a navegar por el Mediterráneo. “En Asia son menos estrictos y allí el barco no habría sido retenido”, aseveraba ayer uno de los mecánicos.
2010/01/14 |
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