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«EN TIERRA LAS COSAS NO ESTÁN APETITOSAS»

Aunque se ha convertido en una profesión ruinosa los pescadores de Motril no tienen aún otra salida

17.01.10 - 01:39 –

Los bajos precios del pescado, el producto extranjero, las estrictas tallas, el gasóleo, las tasas y la falta de paros, los van asfixiando Los marineros no se plantean buscar otro trabajo, pescar es lo que saben hacer; además ahora hay muy pocas salidas en tierra. Para ellos la mar y la tierra son dos mundos totalmente diferentes. En uno trabajan, en el otro descansan y no confían en que sobre el asfalto la situación esté más firme que surcando olas. Los marineros de Motril se miran las caras, cada día, cuando las cajas con las capturas golpean la lonja buscando un comprador. Atrás quedan doce horas de barco y la humedad, habitante fiel de sus huesos. El cansancio mira a los pulpos que se agolpan formando una masa viscosa, a los pescados que lucen su lomo brillante y plateado con la muerte tan reciente que parece que están vivos.

La que muere cada día que pasa -lentamente- es su profesión. La pesca se ha convertido, por un conjunto de circunstancias adversas, en un oficio ruinoso, que sin embargo, sigue manteniendo intacta su dureza. Los que parten cada día del Puerto motrileño, lo saben. Tienen las horas contadas en la mar y lo peor, no tienen otro lugar al que ir a echar horas.

Luis Vadell sale cada día al mar en el barco María López. Está casado y tiene dos hijos y es «menosdemileurista». Su mujer trabaja los fines de semana en un bar y él, a pesar de las dificultades económicas dice que no puede buscar trabajo en otro sitio «y menos con 40 años». Luis ya intentó dejar la mar y construir casas ladrillo a la ladrillo. El boom de la construcción lo acogió y la decadencia lo despidió.
La crisis general ha empeorado la mala salud de la pesca. Los precios del pescado han bajado un 40% y el poder adquisitivo de los marineros ha descendido. A veces tienen que vender las capturas por muy poco dinero y otras veces, salen de la lonja con cajas llenas de producto que no se ha conseguido colocar.

Con los mismos gastos que hace años y ganando muchos menos, la profesión está condenada a la desaparición si no se hace algo por reanimarla. Hay puertos españoles que ya no tienen pescadores y el de Motril, de seguir así, podría ser uno de estos en poco tiempo.

Hace quince años en la dársena motrileña había medio centenar de barcos que daban trabajo a 400 personas. Ahora tan solo 200 salen a la mar en 36 embarcaciones. El ritmo de desaparición se ha acentuado. Gracias a las ayudas públicas en el 2009, cinco barcos se llevaron al desguace y en 2010 tres o cuatro acabarán en la ´basura´. El requisito para deshacerse del bote es que éste tenga diez años, así que algunos armadores cuentan las horas para que su embarcación cumpla la edad con la que puedan firmar su sentencia de muerte.

Según cuenta Antonio Sáez, técnico y asesor de la Cofradía de Pescadores de Motril, algunos armadores se han visto envueltos en una situación complicada. Recibieron ayudas para la modernización de la flota y se metieron en un barco que luego no les era rentable. Llevar una embarcación al desguace con diez años es perderle veinte de vida. Dice Antonio que algunos han tenido que destruirlos sin haberlos terminado de pagar.

Uno de los motrileños que hace poco se deshizo de su barco, cuenta que llegó un momento en que le era más rentable dejarlo amarrado. Aún así su alma sigue siendo marinera y combatiéndose el dolor de garganta con una pastilla de esas que se chupan, va a ver a sus compañeros llegar a la lonja.

Jesús Caparrós y Jesús Caparrós son padre e hijo y una de las últimas sagas que se dedicarán a la pesca en Motril. El padre, patrón mayor de la Cofradía de Pescadores, es uno de los pocos que tiene relevo. El hijo, que ya tiene 28 años, se embarcó sin gustarle la mar y ahora parece que le va cogiendo el gustillo. Probó como legionario y decidió seguir los pasos de su progenitor ante escasas salidas a la vista. Jesús (hijo) luce sudadera de una marca de moda y tatuajes de colores. Es un pescador moderno sin ancla en el antebrazo. «A esto le veo un futuro oscuro», reconoce.
El cabeza de familia es el propietario de la embarcación Pico Veleta. Como armador, paga el combustible y a sus marineros. A fin de mes, muy pocas veces le salen las cuentas. Tiene 57 años y lleva 40 en la mar. «El pescado está por los suelos. Ya no vale nada». Dice Caparrós que agacha la cabeza cuando reconoce lo acostumbrado que está el pescador al sufrimiento. Pero con años, sin formación ... ¿Dónde pueden ir? «En tierra las cosas no están apetitosas. No tenemos otra salida».

Pescado extranjero y tallas

A los pescadores -según cuentan Antonio Sáez y Alicia Ruiz, que también echa una mano en la Cofradía- además les hacen la vida más difícil otras circunstancias como el pescado que viene de fuera de España a hacerles la competencia. Cuentan que en un año, han llegado solo de Argentina, 120.000 toneladas de pescado. Ahora está de ´moda´ cenar panga vietnamita, un pescado fácil de comer y barato que le hace la puñeta al producto nacional. Ellos se quejan que desde Europa se les consienta todo a los grandes distribuidores de producto extranjero que asfixian a los marineros locales.

Otra cosa que establece la Unión Europea y les trae de cabeza son las tallas del pescado. Las miden a rajatabla sin pasar por alto un centímetro. «Los pescadores se ponen en la cubierta, de noche, a seleccionarlos a ojo y es complicado». En 2008, dice Sáez, que para poder conseguir 600 toneladas de jureles a 15 centímetros se tuvieron que pescar 1.800. «Se deberían marcar unas distancias para pescar y unas artes determinadas, más que unos centímetros concretos». Además a los pescadores motrileños les echa la mano al cuello el precio del gasóleo ya que en el Puerto, todavía no ha entrado la competencia y tan solo una empresa abastece a los barcos. «Además, entre todos, tienen que pagar 9.000 euros al trimestre por el uso de la lonja y otros 9.000 por la luz y el agua, y las tasas portuarias que son muy altas, pagan el 3% de las capturas mientras que en otros puertos se paga el 1,20%» comentan los dos asesores de la Cofradía motrileña.
Otro mazazo que han recibido recientemente los pescadores motrileños es el haberse quedado sin ayudas en los paros biológicos. Antes, recibían dinero de la Junta de Andalucía en los meses en los que no se pescaba para que se regenerasen los caladeros. Ahora, sin ese dinero, ya no pueden quedarse sin salir al mar ese tiempo. «Nos han obligado a no parar», dicen los pescadores.

Entre tanta marea negra, parece que se atisba un poco de luz. La Junta de Andalucía va a destinar 2,4 millones de euros a buscar salidas a los pescadores y reconventir el sector, aunque todavía los hombres de la mar están un poco escépticos. Hasta que no lo vean no lo creerán.

Este plan tiene pensado ofrecer nuevas oportunidades a marineros como Francisco Ligero que lleva veinte años en la mar y que hay meses que no llega ni a los 400 euros. «El mar está explotado, me voy a tener que ir a hacer carreteras», dice este hombre que no tiene cargas familiares porque está soltero, pero al que le gustaría tener más recursos ya que se juega la vida en el mar.

En esa misma situación esta Rubén Estévez, un jovencísimo marinero que sale cada noche en una pequeña traíña. Él cobra por días y hay jornadas en las que gana diez euros y otras en las que ni siquiera ve esta miseria porque no pillan nada. «No sé lo que gano al mes. No lo sumo, a veces no tengo ni para sumar», dice Rubén que eligió la pesca porque «en tierra no hay nada».

Todos estos hombres no quieren que nadie les regale nada. Quieren que su trabajo esté pagado con justicia. Que el pescado «valga lo que vale», que les compense salir a la mar y aguantar tempestades. Todos esperan no tener que quedarse un día en el muelle con los brazos cruzados. Son los últimos pescadores, pero son resistentes.


2010/01/17

 
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