A pesar de no ser un hecho muy conocido de la crueldad franquista, todavía en la memoria de las familias de las víctimas se mantiene, conociéndose como “el barco de la muerte”.
Construido en los astilleros ingleses de Newcastle
Se tiene noticia de que el 3 de diciembre de 1936 el diario ABC informaba de nuevos donantes a la causa del Pro Ejército Salvador de España. En esta noticia se señalaba que, el capitán, la oficialidad y la tripulación del buque Cabo Carvoeiro colaboraban con 300 pesetas. El vapor, de unas 2.000 toneladas, fue construido en los astilleros ingleses de Newcastle. Su nombre se debía al cabo portugués situado en la costa lusa de Peniche. La naviera Ybarra, propietaria del barco desde 1909, lo empleaba para el transporte de carbón y cemento.
El Cabo Carvoeiro, nada más llegar al Puerto de Sevilla, se transformó en una extensión de la Prisión Provincial de Sevilla.
Por qué llamado “el barco de la muerte”
La siniestra denominación de “el barco de la muerte” se atribuye al hecho de que quienes tenían la desgracia de entrar allí, en su inmensa mayoría, solo lo abandonaban para un triste final: el piquete de ejecución. Todo apunta a que el vapor de la todopoderosa familia Ybarra arribó a Sevilla justo unas horas antes de que los golpistas tomaran la capital. La represión de Queipo de Llano con un número de detenidos altísimo, provocó que fuera imposible ubicarlos en la nueva prisión de Ranilla por falta de espacio. Ello hizo necesario buscar más lugares como prisiones. En realidad, Sevilla, se convirtió en una inmensa cárcel repleta de republicanos y sospechosos de no ser afines a las tropas franquistas.
En la red de espacios ideada por Queipo de Llano, se desarrolló un verdadero plan de exterminio. Entre estos sitios se encontraba la cárcel de Ranilla, hoy desaparecida, el barco Carvoeiro, la sala Variedades, el cine Jáuregui, los sótanos de la Plaza de España o la comisaría de vigilancia de Jesús del Gran Poder, por donde pasaban todos los presos antes de ser fusilados en las tapias del cementerio de San Fernando.
“Invertir en represión”
Rafael López Fernández y Ana Sánchez-Barriga Moró, narran en el trabajo 'Lugares de la memoria. Golpe militar, resistencia y represión en Sevilla', cómo en 1936, la actuación de los fascistas armados no solo se aplicó para retirar a sus adversarios de la calle deteniéndolos. Señalan ambos autores que en Sevilla “los centros de detención terminaron convirtiéndose en checas, chupaderos, de cientos de personas de la ciudad, la provincia y otros lugares cercanos. La negra chimenea, con las letras a y v en blanco entrecruzadas, distintivo de la compañía, se convirtió en uno de los referentes visuales más temidos por quienes se acercaban a él para llevar comida y ropa a sus familiares. Un lugar que se ha mantenido, como tantos otros, oculto durante décadas y sometido a las políticas de silencio y amnesia hasta el punto de que hoy resulta difícil establecer el número de presos que pasaron por él, las fechas exactas de utilización del buque como prisión e, incluso, los lugares en los que estuvo surto”.
Existen documentos que avalarían que el 28 de julio ya se utilizaba el buque Carvoeiro como anexo de la Prisión Provincial de Sevilla. De la misma manera se sabe que su conclusión como prisión aconteció el 8 de diciembre de 1936. Es decir, estuvo operativo como cruel presidio más de cuatro meses, en concreto134 días. Estuvo custodiado todo ese tiempo por unidades militares, pero su funcionamiento dependía de la dirección de la cárcel de Ranilla, siendo uno de sus funcionarios, el oficial Santiago Montero, el jefe de este barco-prisión.

