Coast Guard.- La tragedia del Egeo
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- Published on Sunday, 31 January 2016 10:20
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Los refugiados
Son personas como nosotros. Pobres gentes que huyen de la guerra, de una guerra que les supera y ha sido montada por esa trama de intereses que subyace en cualquier conflicto que combina las ideologías, el petróleo y las posiciones geoestratégicas. El conflicto bélico ha sido su ruina. Los ha llevado a la desesperación, a la degradación y a la huida sin destino cierto. Las mafias, conocidas y consentidas, se ceban con su desgracia, se preparan para el saqueo, “organizan” su dolorosa peregrinación, violan a las niñas, dejan a los más débiles en la cuneta. Mafiosos y cínicos de variado plumaje, los hay con fajín, con pajarita y con jet privado, amigos de los títeres de telediario. Muchos de ellos guardan silencio mientras organizan la diáspora macabra a través de vergonzosas barreras. Se cierran las fronteras de orgullosos pueblos que se vanaglorian de ser cultos y hospitalarios, que se comportan como puercoespines cuando sospechan que lo humanitario y solidario puede afectar a sus carteras. La Roma de titulares se queda muda, la ONU farfulla mensajes con espoleta y los merkelianos de rodilla piadosa y golpe de pecho, prefieren el fuego eterno a tener que compartir mantel y mesa con los caídos en desgracia. Sin embargo, los más humildes se muestran más receptivos y abiertos. El cinismo escala posiciones y la Europa culta, civilizada y hospitalaria, desaparece por el pozo negro. El pensamiento totalitario renace y coloca a sus gendarmes en las fronteras. Algunas ONGs se mueven entre el negocio despiadado y la captación de voluntarios, a los que no les cabe el corazón en el pecho. Señores y señoritos de la guerra juegan con las víctimas lo mismo que con las bombas y las tanquetas. No faltan patrióticos salvadores que aprovechan la situación para acaparar competencias y pedir más dinero.
El escenario
Los desgraciados que huyen de la guerra son canalizados, como si fuesen ovejas, a través de pasillos y cañadas interiores que conducen a inmundos campos de refugiados o a determinados puertos. Los gobiernos y los funcionarios públicos regionales y locales conocen los puertos y playas utilizados por las mafias para los embarques, porque estos se repiten una y otra vez. Son conscientes de las condiciones de inseguridad y alto riesgo a los que están expuestos quienes embarcan, pero las mafias saben cómo “adaptar” la legislación marítima a sus propios intereses. Fletan pesqueros, embarcaciones de recreo, balsas neumáticas que se fabrican y se venden sin que nadie se entere….
Vigilancia de la costa.-
Turquía, Italia, Grecia han suscrito convenios internacionales que les obligan a tener un sistema eficaz de búsqueda y salvamento. En teoría lo tienen. En la práctica, ya se vio en determinados accidentes en aguas italianas no hay más que pantalla y parásitos uniformados dispuestos a dar órdenes rotundas, pero sin conocimiento suficiente.
Europa, la gran Europa tiene medios más que suficientes para montar un eficaz sistema de vigilancia y salvamento en el Egeo. España podría colaborar eficazmente. No hace falta sofisticados radares, ni otras tecnologías avanzadas, que también las hay. Un helicóptero y un par de embarcaciones rápidas con sus correspondientes equipos humanos llenos de experiencia.
Menos parafernalia burocrática y más eficacia. Eso es lo que se requiere. En la mayor parte de los casos, se ve a simple vista lo que está ocurriendo en la otra orilla. La distancia de las costas turcas a las islas griegas como Lesbos, no llega a unas 6 o 10m millas. Un helicóptero domina todo el escenario de una simple pasada. Pero eso no se publica, sino que se silencia, se calla. Y por el contrario se nos hace creer que las embarcaciones fugitivos vuelcan debido a los temporales reinantes y a la fragilidad de las embarcaciones que utilizan en el ilegal crucero. Las mafias ponen al frente de ellas a un chaval cualquiera; un lugareño sin título náutico ni experiencia, pero tras el naufragio lo presentarán a los medios como el “capitán” de la patera. Su mala fe es evidente.
Y antes esos hechos, habrá que preguntarse una vez más,
¿Por qué se han de militarizar los servicios de salvamento marítimo? ¿De qué han servido los millones de euros enterrados en un salvamento militarista e inexperto?
Los resultados
El balance no puede ser más negativo. Decenas de personas muertas en un corto periodo de tiempo. Muchos de ellas mujeres y niños. Sin embargo, técnicamente no hay razones para que se ahoguen y se mueran. Si el salvamento estuviese en manos de profesionales -que los hay y con mucha experiencia- , los resultados serían probablemente otros muy distintos. Pero da la sensación que unos ponen las víctimas, mientras militarizan, alimentan parásitos con los impuestos, juegan con las ONGs y utilizan a los bomberos voluntarios que arriesgan su vida y derrochan generosidad intentando lo que corresponde a otros equipos humanos y con otros medios. Bruselas debería entonar un mea culpa profundo y sincero. Tecnoburocratas y milicos deberían dedicarse a sus propios menesteres.
Cada muerto debería ser una muesca en la conciencia de los guionistas y productores de esta macabra tragedia.
La denegación de auxilio
¿Cuándo, ante flagrante situación de naufragio, los servicios de salvamento marítimo pueden prestar un auxilio eficaz, y lo hacen, no están incurriendo en una denegación de auxilio?
Un video escandaloso
El pasado 23 de noviembre algunos medios publicaron un video en el que se aparecía a una persona uniformada intentando hundir desde un barco Guardacostas un frágil embarcación neumática con 58 refugiados a bordo. Un acto criminal propio de gente incalificable.
Los responsables del Servicio de Guardacostas lo niegan, pero otros testigos lo reafirman.
Sería deseable que la Europa civilizada se mire al espejo y renuncie a volver a las cavernas.
