El “San Juan" es un galeón, no es una nao.

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AEMC-JAMA 

Efectivamente, el galeón San Juan, cuyas piezas originales se han conservado, y en consecuencia no dan margen a la especulación, es por sus formas y arquitectura un galeón, que fue inicialmente utilizado como buque ballenero, lo que no significa que su misión fuese pescar, ni siquiera cazar ballenas, sino prestar sus servicios como infraestructura flotante para transportar hasta el escenario ballenero las chalupas, los equipos y las personas que ejecutaban la persecución, arponeo y captura de la ballena y, una vez procesada la pieza o piezas, trasportar los productos obtenidos al puerto de destino. Es un barco no militar; es decir, es barco civil, un barco de la Marina Civil del siglo XVI. Diseñado por su armador, capitán y constructor, Ramos de Arrieta, que vivía en el Pasaje de Fuenterrabía, actualmente Pasai Donibane. Su materialización como barco fue realizada por carpinteros de ribera.

Que los cronistas o funcionarios públicos de la época o posteriores lo registren o se refieran al “San Juan”  con la denominación genérica de "nao" no significa que se deba renunciar a la denominación correcta de “galeón”, ni confundir al lector poco ducho en la materia haciéndole creer que era otro tipo de barco, ya decadente, como era la nao a finales del siglo XVI,. Lo correcto es referirse al galeón San Juan  y no a la nao “San Juan”

         

Popa de la réplica del galeón San Juan                 Popa réplica nao Trinidad, de Magallanes

(Fragmento foto del Diario Vasco)

                                      

La diferencia es evidente

San Juan presenta ya rasgos típicos de un galeón del siglo XVI:

Entre  otras diferencias destacan:

 

  • Castillo de popa más desarrollado y reducido el de proa, mejorando la estabilidad y la maniobrabilidad.

  •  Más alargada y afinado, lo que lo diferencia de las naos puramente redondas del siglo XV.

  • Quilla más prolongada y manga relativamente más estrecha.

    Es menester precisar :

    Armador: El armador del buque, es decir, el propietario del mismo, según consta en los correspondientes protocolos de la época era: Ramos de Arrieta

     

    Constructor: Es preciso aclarar que en el siglo XVI no existía los ingenieros navales, por lo que el diseño de los barcos, es decir las dimensiones, las formas, los aparejos , los mástiles, las velas, las poleas, la jarcia, el sistema de gobierno etc, si bien debían de cumplir unas normas de carácter general, se construían siguiendo el criterio de los capitanes con experiencia en navegación, pues nadie mejor que ellos conocía el comportamiento del barco en la mar y las características que deberían reunir para satisfacer los fines a los que estaban destinados. Había que seleccionar los árboles, talarlos, seleccionar las partes aptas para ser utilizadas en la construcción, tratar la madera, cortarla y Los llamados carpinteros de ribera, eran los verdaderos artífices de las tareas de construcción en cuanto a la transformación de troncos y ramas en piezas útiles y su adecuado montaje y ajuste. 

    En este caso el constructor fue el mismo Ramos de Arrieta

    Capitán: El San Juan navegaba bajo el mando del capitán Ramos de Arrieta

 

La historia de la Marina Española del siglo XVI, la hicieron los marinos civiles.

La del galeón "San Juan" y otras muchas más es obra de los marinos civiles vascos.

¿Por qué  tratar de desvirtuar la historia de la Marina Civil, por qué militarizarla, navalizarla y confundir a la opinión pública?

 

El galeón "San Juan" es evidencia histórica y orgullo de la Marina Civil

 

Evidencias en la prensa

 https://www.pressreader.com/austria/ecos/20200318/281500753326672?srsltid

Un galeón del siglo XVI

 

Xabier Agote soñó con navegar como lo hicieron los antiguos marineros vascos. Hoy está a punto [kurz davor] de cumplir su sueño.

 

 

EEn el puerto de Pasajes (País Vasco), el carpintero Xabier Agote está a punto de cumplir el sueño de su vida: construir una réplica exacta del galeón ballenero San Juan. El barco original salió de este mismo puerto en 1565 para navegar hasta las costas de Canadá, donde los vascos cazaban ballenas desde fechas muy tempranas. Allí se hundió por culpa de una tormenta. Y permaneció cuatro siglos en el fondo del mar, hasta que unos arqueólogos submarinos lo descubrieron en 1978, muy bien conservado en aquellas aguas frías. Durante ocho veranos, lo sacaron pieza por pieza, lo fotografiaron y lo midieron: ahí tenía Agote las instrucciones para montar una réplica del galeón.

Agote nació en San Sebastián, muy cerca de Pasajes, hace 54 años. Desde niño le gustaban los viejos pesqueros de madera, los que nadie quería, porque los barcos se construían ya en poliéster, de manera industrial, rápida y barata. A él le gustaba remar en su pequeño bote sintiendo los crujidos de la madera, su olor, el deslizamiento suave sobre las aguas. Le atraían la elegancia y la eficacia de aquellos barcos antiguos. Y estaba obsesionado con el galeón San Juan desde que tenía 19 años.

Conoció su existencia en 1985, cuando la revista National Geographic publicó en portada la foto de un submarinista que levantaba una de las piezas del galeón desde el fondo del mar. Allí leyó Agote la odisea de los balleneros vascos del siglo XVI: “¡Era una historia mejor que Moby Dick!”, dice ahora.

Balleneros vascos en Canadá

Los pescadores vascos llegaron a las costas de Canadá a principios del siglo XVI. Perseguían el bacalao y descubrieron un negocio aún mayor: allí nadaban cientos de ballenas. Todas las primaveras, decenas de galeones salían de Pasajes, cruzaban el Atlántico, desembarcaban en la actual Canadá y levantaban campamentos, almacenes y hornos. Pasaban varios meses cazando ballenas y fundiendo su grasa para convertirla en aceite, hasta que en otoño el mar empezaba a congelarse y volvían a casa. Muchos marinos desaparecieron por coletazos de ballena, naufragios o inviernos terribles, como el de 1576: el mar se congeló antes de lo previsto, la flota quedó atrapada durante meses y trescientos hombres murieron de hambre y frío.

En aquellas factorías repartidas por Terranova, Labrador y el golfo de San Lorenzo trabajaban hasta cinco mil vascos cada temporada. Fue la primera industria en América del Norte. Mantuvieron tratos amistosos con los nativos mi’kmaq y beothuk, que trabajaban para los vascos a cambio de comida, vestidos y objetos. Se entendían en una interlingua vasco-algonquina, una mezcla de palabras de ambos idiomas. Según el cronista Lope de Isasti, si a los nativos de Terranova alguien les preguntaba “Nola zaude?” (“¿Qué tal estás?”, en vasco), ellos respondían también en vasco: “Apaizak hobeto” (“Los curas están mejor”). Así lo habían aprendido de los balleneros.

Cada tonel de aceite se vendía en Europa por el equivalente a 5000 euros actuales. Y había galeones que regresaban con mil, dos mil, hasta tres mil toneles: una fortuna. Pero el negocio terminó pronto. En medio siglo capturaron veinte mil ballenas, y esa caza excesiva, unida a los ataques ingleses y al reclutamiento forzoso de galeones para la Armada española, acabó con las campañas. En la bahía de Red Bay (Labrador), quedaron las tumbas de 140 marinos vascos, ruinas de hornos, herramientas, ropas y, en el fondo del mar, los restos del galeón San Juan, hundido durante una tormenta en 1565.

Cómo construir un galeón

Los galeones se construían sin planos. Por eso, cuando el joven Agote supo que los arqueólogos canadienses habían rescatado casi todas las piezas del San Juan, se propuso un proyecto muy ambicioso: algún día construiría una réplica exacta de aquel barco y navegaría con él por el Atlántico, como sus antepasados.

Trabajó, ahorró, estudió inglés y a los 23 años viajó a Maine (Estados Unidos), para inscribirse en una escuela de carpintería naval. Allí dedicó tres años a estudiar un oficio que ya nadie necesitaba: construir barcos de madera. “No era una decisión práctica”, dice, “lo hice por un impulso artístico”. Luego volvió al País Vasco y en 1997

fundó la asociación Albaola, para formar a un grupo de carpinteros y construir embarcaciones tradicionales en el puerto de Pasajes: traineras, bateles, chalupas. No querían dejarlas en un museo acumulando polvo, sino navegar con ellas: organizaron expediciones a remo y a vela por Galicia, Irlanda o Bretaña.

Agote se acercaba a su sueño. En 2004 construyó, con su equipo, la réplica de una de las chalupas que llevaba el galeón San Juan, una de las chalupas en la que los marineros se acercaban remando a la ballena para cazarla con arpones. La agencia pública Parks Canada les dio la información necesaria. “A cambio nos exigían fidelidad absoluta en los detalles, en los materiales y en las herramientas”, dice Agote. “Teníamos que trabajar a mano, como en el siglo XVI. Esa es la mejor manera de entender la tecnología de nuestros antepasados”. En el año 2006, Agote y otras seis personas navegaron con esa chalupa artesanal durante mes y medio por las costas canadienses, remando como los marineros de hace cinco siglos, vistiendo igual que ellos –con ropas de lino, botas de cuero y pieles–, comiendo lo mismo que ellos –nueces, queso, habas y los bacalaos que pescaban– y durmiendo en playas. En aquella aventura histórica llegaron hasta Red Bay, el punto en el que se había hundido el galeón San Juan.

Ahora la réplica de aquel galeón crece ante los ojos de miles de visitantes. La Factoría Marítima Vasca Albaola se ha convertido en otro reclamo turístico de la costa vasca, porque desde 2014 se puede ver en directo el trabajo de los carpinteros y su impresionante obra: un barco de madera de 28 metros de eslora y tres cubiertas.

“Tres cubiertas: eso fue una novedad en toda Europa”, dice Agote. “A los visitantes les explicamos que los galeones fueron un avance tecnológico. Acababan de descubrir América, empezaban los viajes transoceánicos y necesitaban barcos con mucha más capacidad para el comercio o para la caza de ballenas. Los vascos iban a Terranova para ocho meses. En los galeones llevaban comida, chalupas para cazar ballenas, herramientas, materiales para montar los hornos... Y volvían con mil o dos mil toneles de aceite. Así que necesitaban barcos grandes y veloces”. Él lo compara con la carrera espacial: “Castilla era el imperio más poderoso en ese momento y tenía su centro de tecnología marítima en la costa vasca. Los astilleros eran como la NASA, el puerto de Pasajes era como Cabo Kennedy, de aquí salían los galeones, que eran los cohetes de la época, a cruzar el océano”.

Cuando esté terminado, el galeón será espectacular. “Pero lo que más nos importa es el proceso de construcción, el aprendizaje de los oficios de hace cinco siglos. Y queremos que el público lo vea en directo”. En 2019, 57 500 personas pasaron por Albaola. Los visitantes conocen el trabajo de carpinteros, herreros y cordeleros, recorren la magnífica exposición sobre la odisea ballenera y descubren, al final del itinerario, el esqueleto creciente del galeón.

Agote calcula que lo botarán dentro de un año. Ya se imagina saliendo de Pasajes a bordo del galeón, como sus antepasados, para navegar de nuevo hasta Terranova.

 

 

 

 

 

 

 ¿Cúando dejó de ser galeón y por qué?