Análisis de una mala gestión. ¿Y ahora, qué?

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 Somos mar

JOSE PINO

CAPITÁN DE PESCA

Pocas veces he visto tanta indignación por una actuación estatal mar adentro como la acontecida con el Itoitz. Salvada la tripulación por abandono, puede que demasiado apresurada, pero comprensible para quien se ve en el caso, tocaba acometer la parte material.

Un barco es una empresa que da trabajo a una cantidad determinada de familias, salvémoslo y después pidamos cuentas y responsabilidades. ¿Cuánto se necesita para saber que una vía de agua se ha estabilizado? Sasemar se hace cargo del operativo con el María Pita al costado; los partes meteorológicos meten miedo para dentro de 40 horas, fuerza 10 en la Gascoigne Buoy (boya en el golfo de Vizcaya). Llega el helicóptero y parece ser que los Ardentia no bajan. Respetable su decisión de no meterse en el interior del barco, pero ¿y dar remolque antes de que afresque? ¿Quién dirige el operativo? ¿Por qué negociar con el seguro o el armador para engancharlo? ¿De verdad el armador tiene que presentar un plan de emergencia con un remolcador de Salvamento al costado? ¿Vamos a indicar a los bomberos cómo apagar nuestra casa? 

Salvamento está para salvar vidas (ya no peligran) y evitar contaminación. Si el barco se hunde, ¿no se considera contaminante? Salvemos pues el pesquero y luego reclamamos cuentas a quien tenga que responder de los gastos. Pasan 24 horas con tiempo aceptable (decir que olas de 4 metros es mal tiempo en el Cantábrico son ganas de asustar al público ajeno) y ni el Itoitz escora más, ni se hace nada. Eso sí, la velocidad de deriva entre 3 y 4 nudos anuncia la entrada en aguas de la bisectriz francesa en otras 48 horas, ¿y si no se hunde y lo enganchan los franceses? A alguien parece que se le revuelven las tripas en su sillón.

Tras 48 horas de contemplación, el miércoles por la mañana, y con la orden dada, el María Pita engancha el remolque, sin helicóptero y con bastante peor tiempo que dos días antes. Primera conclusión, tenemos buenos profesionales mal dirigidos.

Arrumba a A Mariña de amura y tiempo afrescando a muy duro, el remolque no dura una hora. ¿Por qué no se arrumba largo a Gijón o Santander corriendo el tiempo de aleta sin que sufra el remolque?

Segunda conclusión, los análisis de verdad los debe tomar gente ajena a lo que es la mar, si no, no se entiende. Imposible retomar el remolque. Como no hay barco que aguante un temporal atravesado sin gobierno, con olas de 11 metros y vientos superiores a 50 nudos, el barco se hunde tras una derrota de 60 horas.

Tercera conclusión, no todo lo que acontece en la mar es achacable al tiempo atmosférico. Salvamar ha sido siempre una institución admirada y respetada. La gente de la mar los consideramos nuestros ángeles de la guarda, colaboramos en ejercicios y simulacros, pero esta actuación nos parece extremadamente grave. Se ha perdido un pesquero sin necesidad y por obra de una mala decisión. ¿Quien asume responsabilidades? ¿Quien da al menos una explicación de lo acontecido? ¿Se sostiene una institución con cada vez menos profesionales y más cargos políticos en el organigrama directivo?

Vamos camino de un Sasemar y Capitanías Marítimas en manos de ingenieros y una Inspección Pesquera dirigida por veterinarios y licenciados en Medio Ambiente. Que a nadie le extrañe la falta de empatía y comprensión hacia el pescador. Hasta ahora lo soportábamos, pero siempre había alguien para salvarnos, tras la última actuación empezamos a poner en duda que haya alguien que comprenda nuestro oficio. Estamos solos. Una pena. Y alguien desde su despacho seguirá preguntándose por qué la pesca se extingue sin solución y sin relevo generacional…