El puerto, los estibadores, las navieras y la verdad

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LA PROVINCIA DIARIO DE LAS PALMAS

miguel rodríguez - presidente asociación sindical de estibadores

02.02.2014 | 02:10

Lo malo de los que se creen en posesión de la verdad es que cuando tienen que demostrarlo no aciertan ni una". Eso decía Camilo José Cela, yo no pienso lo mismo, me parece que precisamente eso es lo bueno, esa característica tan común a los prohombres de discurso grandilocuente nos proporciona a los demás la posibilidad de desenmascararlos sin excesiva dificultad.

Porque creerse en posesión de la verdad es síntoma de cortedad de miras, de inflexibilidad, de falta de empatía, de pobreza de análisis. Y en esta misma línea, cuando se habla como si se estuviera en un púlpito, para aleccionar, sin fisuras para la réplica, para el diálogo, especialmente si la locución es sobre un mundo del que uno es ajeno, da la sensación de que el discurso es una tapadera que oculta las intenciones reales, que hay algo que no es como nos lo están contando.

Y la impresión que tenemos los que vivimos el puerto a diario es que, en estos momentos complicados, en los que lo verdaderamente importante es aunar fuerzas y buscar el consenso para lograr un objetivo común de crecimiento, lo que se multiplican son, precisa y desgraciadamente, individuos que obedecen a la anterior descripción. Personajes con facilidad de pluma, la mayoría casi olvidados y con necesidad de focos, que vierten charletas populistas, faltas de datos, disfrazadas de preocupación y buenos propósitos, pero que, "al no acertar ni una", nos enseñan que lo que encubren es una intención más que ligada al único objetivo de la tajada propia; quizás el auspicio de un libro.

Uno de los datos con los que más se juega es con la cantidad de sueldo que cobra un estibador del Puerto de Las Palmas. Muchas veces se acusa a la Sagep y a los propios trabajadores de no ser claros al informar de su salario medio. Esta acusación proviene o del más absoluto desconocimiento o de la intención escondida de la que hablamos: la manipulación.

El colectivo de estibadores está al servicio del puerto los 365 días del año, las 24 horas del día. Cada jornada está dividida en cuatro turnos. A las siete de la mañana, cada estibador conocerá si le toca trabajar o no en el turno que comienza a las ocho. A las 13.00 horas sabrá si lo hará o no en el que comienza a las 14.00, a las 20.00 o a las 02.00 horas. Cada día puede trabajar cero, uno o más turnos, si hay faena que exija doblar. Una vez sabe que tiene que trabajar y la hora, el estibador va al puerto y allí conoce qué mercancía manipulará, con qué equipo, en qué terminal y en qué buque. Todos esos factores, además de la cantidad de mercancía que sea capaz de cargar o descargar, intervienen en la cuantía de su salario. Hay un mínimo garantizado, 2.114 euros brutos al mes, que cada trabajador tiene que superar con su productividad para poder incrementarlo. Es un trabajo duro, de riesgo y en condiciones difíciles, y es un sueldo digno. Es la realidad palpable de aquello por lo que tantos, incluso a los que ahora parece no convenirles, hemos luchado.

Es cierto que el Puerto de Las Palmas pasó una época de esplendor, veinte años en los que los tráficos y por lo tanto el trabajo y, claro, los ingresos para todos los agentes implicados, se multiplicaron. Es curioso observar cómo se buscan culpables, a los que acribillar, mejor si es en la plaza pública, cada vez que hay un problema en los muelles de La Luz, pero cuando hay años de bonanza el mérito se diluye en frases como "aprovechamos la revolución del contenedor". Pues sí, la aprovechamos, entre otros factores, gracias a que los estibadores redujimos nuestra remuneración y, de esta forma, el precio estipulado del contenedor movido pasó de 83 a 13 pesetas, porque esta fue la condición clara que pusieron las estibadoras, una vez hecha la gestión comercial con las navieras, para poder captar los contenedores de trasbordo en nuestro enclave y garantizar el trabajo. Hicimos ese esfuerzo, como tantos otros, por cierto, y así todos pudimos aprovechar la revolución del contenedor. Y como en aquella ocasión funcionó y somos capaces de aprender de la historia, es justo esto lo que solicitamos ahora, en este momento de conflicto, de bajada de tráficos: que se nos diga de manera clara cuánto hay que reducir el coste por contendor movido y cuánto aumentará la actividad gracias a nuestro esfuerzo, porque lo que no es de recibo, aunque en estos días parezca lo normal, es que precaricemos nuestro salario, el de 500 familias, para que los que ya son ricos lo sean aún más. Eso, precisamente, es lo que les ha ocurrido a nuestros compañeros portugueses del Puerto de Sines, al que, dicho sea de paso, no se ha ido, a día de hoy, ni un solo contenedor del de Las Palmas.

Y por supuesto que hay que escuchar a las navieras, como dicen algunos en sus artículos dominicales escritos, imagino, desde sus grandes despachos desde los que si se ve el mar será de lejos. Es fundamental conocer en profundidad, saber qué piensa, qué quiere, qué busca el cliente para poder negociar. Es imprescindible que se le visite, que se le ofrezca el enclave, con todas sus fortalezas, como idóneo. Esa es una de nuestras reivindicaciones. Pero, desde luego, reproducir fragmentos seleccionados de supuestas entrevistas en periódicos internacionales donde un directivo de Maersk Line parece que afirma: "en 2012 perdimos más de mil millones de euros", solo contribuye a la confusión. Cualquier lector, no familiarizado con esta compañía y con el mundo del comercio marítimo, es viable que piense hasta que puede estar al borde de la quiebra, cuando la realidad, según varios medios, entre ellos el económico Expansión del 22 de febrero de 2013, es que "la naviera danesa Maersk gana 3.136 millones de euros netos en 2012, un 29% más".

También se nos acusa, cuando se nos trata de cargar con la responsabilidad de no trabajar para el crecimiento del puerto, del que, no olvidemos, nosotros sí que vivimos, de no ver las evidencias y afirmar que los datos que arrojan instituciones como Puertos del Estado son mentira. En absoluto nos parece que sean mentira. Lo repito, por si queda alguna duda: es cierto que Puertos del Estado ha publicado un informe que asegura que, de media, entre todos los puertos españoles el 50% del coste del contenedor cautivo movido es para la mano de obra. Entendemos que es un estudio hecho por profesionales, no tenemos por qué dudar de su veracidad. Ahora bien, sí que dudamos de la intención del que recopila el dato y lo presenta como si ilustrara algo en la situación que vive actualmente el Puerto de Las Palmas. De nuevo estamos ante una cortina de humo, ante información que solo confunde. Los contenedores que se han marchado del Puerto de La Luz son de trasbordo, los cautivos, es decir, los que vienen para el consumo en la isla es, lógicamente, imposible que se vayan. Así, sobre ellos no hay discusión. Los contenedores cautivos, que requieren de mayor manipulación, es más caro moverlos y es a esos a los que se refiere el informe de Puertos del Estado. ¿Lo desconoce el crítico al colarlo en su escrito o lo sabe perfectamente? Y no solo en eso tergiversa, también en la selección que se ha hecho del dato. En ese mismo informe se dice que el coste medio en España es del 50%, pero en el Puerto de Las Palmas, insisto, para el contenedor cautivo, es del 33,59%. O sea, bastante más barato.

También es Las Palmas, según un informe interno de terminales de contenedores del país, el más barato en manipulación del trasbordo. Pero Algeciras, que es de los más caros, no solo no ha perdido un contenedor, sino que los gana. Quizás tenga que ver con nuestra tesis: el precio no es lo único decisivo. Las navieras van a los puertos que están en lugares estratégicos, que conocen, con los que tienen relación constante y sus directivos les transmiten seguridad, donde se las cuida y en los que obtienen un servicio global. Del mismo modo que eligen las compañías de cruceros dónde hacer sus paradas o las plataformas petrolíferas sus reparaciones. Y como los estibadores otra cosa que también sabemos hacer es buscar citas en internet para apoyar nuestros postulados, terminamos con una de Platón, que nos parece especialmente pertinente: "Hay que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad".