HISTORIA.- CHILE-BOLIVIA.- El nefasto día en que Chile invadió Bolivia

  • Print

JORNADA.NET

 

José Manuel Loza Oblitas
 
viernes 14, febrero 2014

 

Había amanecido en el puerto de Antofagasta, en el Litoral de Bolivia. El reloj marcaba las seis de la mañana del 14 de febrero de 1879. Muchos de sus habitantes, que salían de sus hogares rumbo al trabajo, vieron que dos buques de guerra de la Armada de Chile, el blindado "Cochrane" y la corbeta "O'Higgins", con dos compañías a bordo, recalaban en la bahía al lado del blindado "Blanco Encalada", que ya se encontraba anclado en ese lugar desde el 8 de enero.

 

Inmediatamente, la artillería de esas naves, al mando del Coronel Emilio Sotomayor, que había sido nombrado por el Gobierno de Chile como Comandante en Jefe de las Fuerzas Destacadas en el Norte de la República y en el Litoral Boliviano, empezó a tronar, rompiendo el silencio del alba en el océano Pacífico, con una andanada de fuego intenso que atemorizó a la ciudadanía boliviana, pero no a la chilena que había participado en los preparativos y estaba anoticiada y presta para coadyuvar a sus connacionales en los vergonzosos acontecimientos que se suscitarían en los siguientes minutos, horas y días.

 

El potencial bélico chileno, que se encontraba amenazante en la bahía boliviana, era el siguiente: Los blindados "Cochrane" y "Blanco Encalada", con 5 años de servicio, un andar de 9,5 nudos; cada uno tenía un armamento de 6 cañones de 250 libras (9 pulgadas), 1 cañón de 4.7 pulgadas, 1 de 9 libras y 1 cañón de 7 libras y 300 hombres de tripulación. La corbeta "O'Higgins", con 15 años de servicio; casco de madera, andar de 6,5 nudos; estaba armada con tres cañones de 115 libras (7 pulgadas), dos de 70 libras y cuatro de 40 libras, con una dotación de 160 hombres.

 

Mientras tanto, la fuerza armada boliviana, que no tenía un solo buque de guerra, contaba solamente con una pequeña columna de 60 gendarmes, restos de la guarnición que había dejado el general Hilarión Daza, entonces Presidente de la República, la misma que permanecía acuartelada y pequeños grupos custodiaban la Prefectura, la Aduana y el Cuartel.

 

Repentinamente, al promediar las siete, es bajada una lancha del "Cochrane", en la que se embarca el capitán José M. Borgoña, navegando hasta el muelle del puerto de Antofagasta, en el que el militar desembarca y presuroso se dirige a la oficina del Consulado chileno, donde se entrevista brevemente con el titular de esa legación, Nicanor Zenteno, quien fue el actor y centro principal de todo el movimiento de quinta columna en Antofagasta, que precedía a la acción armada. Era el jefe, el organizador, el coor?dinador y el enlace general con el blindado "Blanco Encalada", en el que se había refugiado el Gerente de la Compañía Salitrera Antofagasta, Jorge Hicks, quien debía ser detenido por las autoridades bolivianas al ser deudor al fisco, negándose pagar 90.848 bolivianos, trece centavos.

 

Después de esa reunión, el capitán Borgoña se dirigió a la Prefectura, entregando al Coronel Severino Zapata, Prefecto del Departamento del Litoral, una nota firmada por el Coronel Emilio Sotomayor, que señalaba:

 

"Comandancia en Jefe de las Fuerzas de Operaciones Litoral Boliviano.- Antofagasta 14 de febrero de 1879.- Señor Prefecto.-

 

"Considerando el Gobierno de Chile, roto por parte de Bolivia el tratado de 1874, me ordena tomar posesión con las fuerzas de mi mando, del territorio comprendido al Sur del grado 23º.

 

"A fin de evitar todo accidente desgraciado espero que Ud. tomará las medidas necesarias para que nuestra posesión sea pacífica, contando Ud. con todas las garantías necesarias, como asimismo sus connacionales.- Dios guarde a Ud".

 

Severino Zapata, después de leer esa misiva torpe e incomprensible, pálido y demudado, protesta airadamente con palabras entrecortadas, apostrofando al emisario, el que solamente se concreta a retirarse, llevando la mano al quepí, para abordar nuevamente la lancha que lo retornaría a su buque madre.

 

El Prefecto, sin embargo, de inmediato redacta la misiva de respuesta, ante la imposición armada chilena, afirmando enfáticamente:

 

"Prefectura del Departamento del Litoral.- Antofagasta, 14 de febrero de 1879.- Al Señor Comandante de las Fuerzas Expedicionarias sobre el Litoral Boliviano.-

 

"Señor Comandante: Mandado por mi Gobierno a ocupar la Prefectura de este Departamento, sólo podré salir a la fuerza. Puede Ud. emplear ésta, que encontrará ciudadanos bolivianos desarmados, pero dispuestos al sacrificio y al martirio. No hay fuerzas con qué poder contrarrestar a tres buques blindados de Chile, pero no abandonaremos este puerto, sino cuando se consuma la invasión armada.

 

"Desde ahora y para cuando haya motivo, protesto a nombre de Bolivia y mi Gobierno contra el incalificable atentado que se realiza.- Dios Guarde a U.".

 

La réplica impositiva y abusiva no tardó en llegar al edificio de la Prefectura. El Coronel Emilio Sotomayor, respaldado por la fuerza de su arsenal bélico, intimó la rendición de las autoridades bolivianas, mediante la siguiente nota:

 

"Comandancia en Jefe de las Fuerzas Expedicionarias del Litoral Boliviano.- Antofagasta, 14 de Febrero de 1879.

 

"Acabo de recibir su nota de hoy y en contestación a ella, creo del caso hacerle presente que para evitar toda efusión de sangre, se sirva ordenar se haga entrega de las armas y tropa de su dependencia al comandante José Ramón Vidaurre.

 

"Respecto a las garantías que he hecho referencia en mi nota anterior, puede tomar pasaje en el vapor del sur que pasa para el norte el 16, poniéndose de acuerdo con el que suscribe antes de verificarlo, por si así creyese conveniente. Dios guarde a Ud.".

 

Habían pasado casi dos horas desde que la Armada chilena se manifestaba en una situación de beligerancia. Al promediar las 8 de la mañana, fueron bajadas de los buques muchas lanchas, repletas de soldados al mando del Coronel Sotomayor, dirigiéndose a tierra, en la que ya se habían apostado los grupos civiles chilenos al mando del Cónsul Nicanor Zenteno, quien fue nombrado "Gobernador del distrito de Antofagasta".

 

Sin ninguna declaratoria de guerra, en forma aviesa, premeditada y planificada, empezó la invasión chilena  y la usurpación de territorio y mar bolivianos y de sus riquezas, con el pretexto de que Bolivia había transgredido el Tratado de 1874 al haber dispuesto el impuesto de 10 centavos de boliviano por cada quintal de salitre exportado por la Compañía Chilena de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta.

 Tengamos siempre en nuestra memoria este nefasto día, que solamente se borrará de ella el día en que La Moneda admita su arbitrariedad y devuelva a nuestra Patria territorio y mar soberanos.