Villa de Pitanxo. Una tragedia a papel y bolígrafo
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- Category: Accidentes
- Published on Thursday, 02 November 2023 19:29
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La Opinión A Coruña
El patrón del “Villa de Pitanxo” anotó, a bordo del “Playa Menduiña Dos”, la versión que su sobrino y Samuel debían dar del naufragio al llegar a Canadá. El pesquero no debió haber partido de Vigo
Lara Graña
A Coruña | 02·11·23 | 16:48
El arrastrero congelador Playa Menduiña Dos recibió una llamada de auxilio, desde Madrid, a las 4:41 de la madrugada del 15 de febrero de 2022. Algo había pasado con el Villa de Pitanxo, con el que se habían cruzado horas antes en tareas de pesca. El buque de Pesquerías Nores había emitido una señal de socorro unos veinte minutos antes (4:19 horas UTC), pero no transmitió de qué emergencia se trataba. Así que no se sabía si había tenido una vía de agua, un incendio a bordo, una evacuación... “Jamás me imaginé que nos íbamos a encontrar eso”, recuerda uno de los tripulantes que acudió al rescate. Sin rastro del Pitanxo. Una balsa con tres personas con vida; otra, vacía. Cadáveres. Y Juan Enrique Padín, el capitán, “con los tenis (zapatos deportivos) secos”. No como su sobrino, Eduardo, que se había tenido que lanzar al agua; no como el otro superviviente, el marinero Samuel Koufie, que tuvo que aguantar horas sobre el agua helada, a medio vestir. Viendo morir, uno a uno, a los demás hombres que habían alcanzado la neumática.
En la primera noche, coinciden tripulantes del Playa Menduiña, Padín les pidió un papel y un boli “para acordar lo que iban a declarar al llegar a Canadá”. Y, en efecto, la protesta de mar de los tres dice prácticamente lo mismo. Todo cambió cuando el marinero de origen ghanés llegó a España. Según esta versión, ya ante la Guardia Civil —y después en la Audiencia Nacional—, el pesquero sufrió un embarre o espichada, y que fue la presión por popa lo que escoró definitivamente de babor el pesquero, con una entrada masiva de agua que ahogó el motor; que el patrón no quiso cortar los cables del aparejo para no perder las capturas de aquella largada, aunque se lo habían implorado los marineros que estaban en cubierta. Padín mantiene que fue un fallo súbito del motor Wärtsilä lo que precipitó esa escora y, a la postre, el naufragio.
Ahora, a 726,6 metros de profundidad, en los Grandes Bancos de Terranova, hay 21 historias encerradas en un casco de acero. Un cuerpo metálico incorrupto, inmune al terror de un naufragio que lo consumió en pocos minutos. Devolvió los cadáveres de nueve marineros; casi 600 días después, los de otros doce, incluido el del joven investigador canario Francisco Navarro, se los quedó el mar.
El atronador silencio alrededor del Villa de Pitanxo solo se ha roto por las declaraciones de los tres supervivientes y, sobre todo, por el testimonio de los que iban a bordo del buque pesquero Playa Menduiña Dos. El propio barco de Pesquerías Nores ha hablado, a través de unas imágenes nítidas que exhiben su estructura incólume, reveladora. Y él mismo, el Pitanxo, ha declarado, de acuerdo a los peritos y como ya avanzó LA OPINIÓN, que podía haber sobrevivido. Él y todos los 24 que iban a bordo. También, que no debía haber partido de un muelle de Vigo el 26 de enero de 2022.
La salida
Son las 17:55 horas en el muelle de Frigalsa, en Teis. El viento del sudeste apenas agita el agua. La temperatura es agradable al sol. El Villa de Pitanxo, un habitual en la pesquería de NAFO, está listo para aproar las Cíes tras haber resuelto los problemas en la hélice propulsora. Ha declarado en Capitanía Marítima de Vigo, y así consta en su despacho, que a bordo van 21 tripulantes y un investigador científico. Pero es mentira: son 25 las personas a bordo, en una embarcación preparada únicamente para 22.
Hacia Canadá ya no está a bordo el marinero de origen senegalés Siaka Thior. Dio positivo por COVID tras haber compartido al menos 24 horas con el resto de los tripulantes. De nada sirvió que todos se hubiesen hecho los test de comprobación, porque el barco no esperó por los resultados. Por esos problemas en la hélice, el Pitanxo tuvo que volver a Vigo, cuando los síntomas de Thior ya eran evidentes. Lo mandaron desembarcar y ficharon un reemplazo urgente: Miguel Lumbres. No hicieron cuarentena Y el pesquero salió igualmente. De los nueve cadáveres recuperados del mar, siete tenían una alta concentración vírica de COVID. Lumbres falleció.
Entre los 25 hombres que iban a bordo aquel 26 de enero estaba un marinero que sería transbordado en alta mar, como desveló este periódico, una información que no obraba en poder de Marina Mercante. Raúl González Santiago (segundo oficial) y Francisco Navarro no tenían camarote, no había sitio. Fueron alojados en la enfermería. Acabaron contagiados; el primero sufría de asma. “Algunos esputaban sangre”, han sostenido familiares de las víctimas.
El barco
¿Podía faenar en NAFO el Villa de Pitanxo? Sí y no. Tenía licencia para fletán negro, gallineta, raya y locha. Estaba correctamente incluido en la relación de buques españoles con cuota por la Organización de la Pesca del Atlántico Noroccidental, como consta en el Boletín Oficial del Estado (BOE). A fin de comprobar que su actividad se ceñía a las áreas especificadas en su permiso, y como todos los pesqueros españoles de más de 12 metros de eslora, el Pitanxo llevaba una caja azul. Es un dispositivo de control que se supervisa desde Madrid (Ministerio de Pesca); formalmente, desde el punto de vista estrictamente extractivo, no había pegas.
Pero no dice lo mismo el informe de comprobación de estabilidad, expedido por Capitanía (Ministerio de Transportes). Tras una reforma a bordo, el inspector determinó lo siguiente: “El lastre fijo no podrá ser modificado sin autorización previa de la inspección de buques. Se prohíbe navegar en zonas de formación de hielos. Se prohíbe llevar carga sobre cubierta”. Lo hizo igual, todas las mareas desde entonces y hasta la última, con la tripulación retirando el hielo a martillazos de cubierta.
Tanto el patrón de la embarcación como la armadora tienen la condición de investigados (imputados) por cuatro delitos por la Audiencia Nacional: homicidio por imprudencia grave, contra los derechos de los trabajadores, encubrimiento y falsificación documental. A Padín se le ha retirado el pasaporte y debe acudir al juzgado a firmar cada quince días.
COMENTARIOS DE AEMC
El próximo 15 de febrero, se cumplirán dos años del hundimiento del buque pesquero “Villa de Pitanxo”, gestionado por la naviera gallega Grupo Nores con base en Marín (Pontevedra), pero la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimo, la CIAIM, dependiente del Ministerio español de Transportes continúa sin emitir el preceptivo informe sobre lo ocurrido en aguas de Terranova, aunque la expedición “Artabro”, pagada con el dinero de los españoles, haya recopilado pruebas sobre las causas el hundimiento del “Villa de Pitanxo”.
La CIAIM, no es un órgano político, ni su misión es hacer política, aunque esa sea la cara que mostrado desde el primer momento. Su misión es investigar y dar a conocer todos – todos son todos, incluso los que implican a sus colegas, a los armadores, a los prevaricadores, a los despachadores y demás personas con responsabilidades en el caso, etc. Su misión es analizar aquellos factores que han dado lugar al accidente, para evitar en la medida de lo posible que vuelva a repetirse.
Su papel es independiente del de la Justicia, lo que no impide que deba colaborar, si fuese necesario con ella.
La CIAIM debe de estar integrada por profesionales con formación náutica superior y experiencia acreditada en navegación. Requisitos de los que adolece la actual CIAIM.
El Estado debe ser garante de que la CIAIM cumple su misión.
La CIAIM debería explicar con detalle los resultados de su costosa simulación y las claras diferencias con los datos obtenidos de la bajada al pecio, a la cual se resistió abierta o tácitamente desde un primer momento y cuando ya no tenía alternativa, intentó realizarla al margen de la Justicia y de los familiares.
El patrón del “Villa de Pitanxo”
La justicia se encargará de juzgar su actuación.
El patrón ha sido machado mediáticamente lo suficiente para que la opinión pública lo señale con el dedo. Con los datos y testimonios recopilados tiene poco margen.
Otros responsables.
Si lo que realmente se debe evitar es que el sector pesquero español arroje unos índices de accidentes alarmantes e intolerables, se deberá ir al fondo de la cuestión. Si ha habido empresarios temerarios e irresponsables, políticos corruptos y prevaricadores de oficio, deberán ser incluidos, deberán salir a la luz, y se deberá actuar en consecuencia.
Si por el contrario, el derecho a la vida, la integridad física, el medioambiente, y el cumplimiento de las normas aplicables no importan, o solo importan a efectos públicos o electorales, será otra la historia, como lo habrá sido tantas veces.
