Arousa aún recuerda la misteriosa desaparición del ´Castillo de Montjuich´
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- Published on Saturday, 03 May 2014 10:54
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Se comunicó por última vez durante el trayecto Boston-A Coruña, pero nunca más se supo de aquel
Vilagarcía, A Pobra do Caramiñal, Ribeira y Boiro fueron algunos de los pueblos que hace medio siglo se vistieron de luto y lloraron la misteriosa desaparición del "Castillo de Montjuich" en algún punto del Atlántico. Nunca más se supo, ni de aquel barco ni de los 37 tripulantes que viajaban en él. Tanto tiempo después las familias arousanas aún se preguntan qué sucedió y los descendientes directos de los desaparecidos los recuerdan con pena.
"En el mes de diciembre de 1963 desapareció en el Océano Atlántico el mercante español 'Castillo Montjuich' junto a sus 37 tripulantes. Transportaba un cargamento de maíz que había embarcado en Boston y tenía como destino el puerto de La Coruña. Ninguna transmisión por radio, ningún cuerpo, ningún resto de la carga, ninguna mancha de aceite o combustible, ningún rastro". Así se presenta el libro "Vida y tragedia del mercante Castillo Montjuich, de la Guerra Civil española a su naufragio (1936-1963)", una obra de Manuel Rodríguez Aguilar editada en 2008 que "saca a la luz el expediente administrativo y la causa militar, que han permanecido guardadas en los archivos oficiales y sin acceso a su consulta durante este tiempo, y aporta la más vasta y completa relación de documentos y fotografías que ayudan a reconstruir y desvelar el misterio de esta tragedia de la Marina Mercante española, así como sus causas y sus consecuencias".
Este trabajo literario de Manuel Rodríguez Aguilar, nacido en Madrid en 1958 y oficial de la Marina Mercante por la Escuela Superior de la Marina Civil de La Coruña, es solo uno de los trabajos en los que se narra lo sucedido con aquel misterioso suceso.
En las crónicas de entonces, como no podía ser de otra manera, fue testigo fiel FARO DE VIGO, que prestó especial atención al supuesto naufragio y, de manera especial, centró la labor periodística en los marineros gallegos, entre ellos algunos arousanos.
Las familias de los desaparecidos, lógicamente dados por muertos, recuerdan aquellos momentos con tristeza y hablan de los náufragos aún con incredulidad e incertidumbre.
Muchos recuerdan aún lo dicho entonces por las familias. En aquella época era corresponsal de FARO en Vilagarcía un personaje tan conocido y querido como Jesús Diéguez Patiño, que se entrevistó con los allegados de los desaparecidos en sus propias casas, a un lado y otro de la ría.
El 2 de enero de 1964 hablaba para FARO la hija de una de las víctimas, José Manuel Vilanova Castrelo, vecino de Cornazo (Vilagarcía). Desconsolada, Olga Vilanova explicaba que su padre cumpliría 55 años apenas tres meses después y que aquel en el que desapareció para siempre "era su último viaje, ya que tenía decidido desembarcar definitivamente al rendir escala el barco en La Coruña".
Habían recibido noticias suyas en una carta enviada desde Boston. "Nos decía que llegaría a La Coruña entre el 20 y el 21 (de diciembre de 1963), y en vista de esto decidimos mamá y yo que iríamos a esperarle; además mi hermano menor, que se licenció de La Marina estos días, también se quedó en La Coruña para esperarle".
Todos estaban ansiosos por recibir a aquel hombre que había decidido jubilarse a los 55 años porque "tenía una gran ilusión por sus nietos. Le gustaba mucho jugar y entretenerse con ellos; y además decía que ya estaba cansado de mar porque empezó a navegar a los 14 años".
El vilagarciano José Manuel Vilanova Castrelo llevaba poco tiempo en el "Castillo de Montjuich", desde marzo de 1963. "Estaba de permiso y al reincorporarse lo destinaron a este barco -relataba su hija Olga-. Se llevó un disgusto muy grande porque decía que no le gustaba; ya había navegado hacía muchos años en él".
En aquella entrevista concedida al decano de la prensa nacional la hija del calderero del "Castillo de Montjuich" relataba que habían preguntado a la casa consignataria, en A Coruña "y nos dijeron el día 19 (de diciembre de 1963) que, efectivamente, se le esperaba el 20; pero cuando al otro día volvimos a preguntar nos respondieron que no podían concretar, y así estuvimos hasta el día 24. Después, el 26, oímos la radio y las noticias de que se desesperaba de encontrarlo. Inmediatamente llamamos a Madrid, a la casa armadora y me dijeron que desde el día 14 no volvieron a tener noticias del barco".
Otros dos hijos de José Manuel Vilanova explicaban que el 29 de diciembre de 1963 recibían una carta de la compañía, fechada dos días antes, comunicándoles que ante la tardanza del buque daban cuenta a las autoridades.
Una nave azotada por los fuertes temporales
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El 27 de enero de 1964 se hacía público el informe oficial sobre la desaparición del carguero Castillo de Montjuich, que había zarpado desde Boston con rumbo a España pero que nunca llegó a puerto, sin que nada se supiera de las causas del hundimiento ni del paradero de los 37 tripulantes que en él viajaban.
En dicho informe se explicaba que el carguero ya había tenido problemas durante un temporal en el puerto de Bilbao, al dejar España. Al parecer "sufrió encontronazos con el muelle y luego, durante la navegación hacia los Estados Unidos".
Vías de agua
Al verse obligado a soportar otro duro temporal "acusó varias entradas de agua de mar por aflojamiento de algunos remaches, tanto en el casco como en el cielo de algunos de sus dobles fondos que fueron corregidos".
Se creía en todo caso, que "no debieron ser importantes", pues el capitán del buque "no reclamó su reparación en Boston, donde cumplió todos los requisitos legales".
De hecho, desde la nave fueron transmitiendo información por radio con normalidad hasta el día 14 de diciembre de 1963, cuando "dio su última citación normal". Según el informe emitido por el Servicio Meteorológico Nacional, aquel día coincidió "con la mayor dureza del temporal en la zona por donde el buque navegaba. Con mar muy gruesa al quedar el buque sobre la cresta de una ola, pudo resultar su estabilidad dinámica muy disminuida, y de ahí el naufragio".
El 28 de diciembre de 1963 FARO DE VIGO ya publicaba que se perdían las esperanzas de localizar al "Castillo de Montjuich" y recordaba que el buque había estado en el puerto vigués por última vez en febrero y marzo de 1961, con 9.000 toneladas de trigo en sus bodegas.
Un grupo de hombres demasiado jóvenes para morir
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Tras la desaparición del "Castillo de Montjuich" FARO DE VIGO recogió nutrida información al respecto. En enero de 1964 se explicaba que entre los 37 desaparecidos estaban el vilagarciano José Manuel Vilanova Castrelo (54 años y casado), junto a los muradanos Jesús Fernández Lago (64, casado y camarero del barco), Manuel Torea Dorribo (29 años, casado y Manuel Sendón Fernández (50 años y casado) y el boirense Manuel García Davila (39 años, casado). Junto a ellos navegaban cuatro vecinos más de la ría arousana, con domicilios en A Pobra do Caramiñal y Ribeira, como eran Emilio Lijó Oliveira, de 38 años, fogonero; Juan Romero Rivas, de 40 años, casado y cocinero del barco; Manuel Olveira Paz, 34 años, carpintero del buque; y Ramón Millán González, de 38 años, fogonero.
El 1 de enero de 1964 FARO publicaba la relación de tripulantes, con José María Arriandiaga, de 59 años, casado y con un hijo, como capitán. Junto a él, el primer oficial, Antonio Martínez López, de 40, casado; Alberto Bilbao Cámara, 35, soltero; José Luis Mateo, de 26, soltero; el radiotelegrafista Juan Fernández, 27 años; el primer maquinista, Antonio Martínez Sánchez, 59 años y casado; Domingo Bororde Hormaechea, 31 años; Juan Rodríguez Fernández, 30, casado; Arturo Vizcarra Campos, 20 años, soltero; Antonio Rodríguez Falque, 34, casado; y el contramaestre José Manuel Lestón Lestón, 41, casado.
Como marineros estaban enrolados a bordo Perfecto Cazars Caamaño, 52, soltero, y Francisco Parada Vilaso, 37, casado; mientras que como mozos figuraban Ramón Agraso Rodríguez, 34, soltero; Salvador Dopico Aboal, de 28, soltero; Francisco Cortés Casanova, de 37, casado; y Álvaro Menéndez García, 29 años y soltero.
Los engrasadores eran Juan González Santo (53), Donato Chávez Otero (47) y Manuel García Fernández (47).
Como fogoneros estaban Raimundo Barciela Gutiérrez, de 45 años y también casado; el citado Emilio Lijó, de 38 años y casado; Manuel Lamas Serantes, de 38, casado; Ramón Millán González, de 38, casado; y Antonio San Isidro Hermón, de 49, casado.
Además viajaban el mayordomo, Cruz Larrauri Ituarte, de 42, casado; y uno de los camareros, José Ramón García Pérez (44, casado).
La relación se completaba con Antonio Martínez González, de 37 años, casado; y Manuel Malvido Rodríguez, casado y de solo 29 años.

