El barco-escuela con raíces sorianas vuelve a puerto con un gran premio

 

 

 

 

| Actualizada 17/02/2015 a las 11:52  

El proyecto del soriano Esteban Vicente, construido con maderas de Vinuesa, llegó a Bilbao con el ‘Friendship Trofee’ de la ‘Black Sea Regatta’.

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Atyla life on board - Black Sea Regatta 2014

    El barco-escuela Atyla en una de sus rutas.

    El barco-escuela Atyla en una de sus rutas.. Bill ScotT

    Los alumnos aprendiendo a hacer nudos.

    Los alumnos aprendiendo a hacer nudos.. Cedida

    Los alumnos aprendiendo a hacer nudos.

    Los alumnos aprendiendo a hacer nudos.. Cedida

    El recorrido del barco-escuela para este 2015

    El recorrido del barco-escuela para este 2015. Cedida

    El barco-escuela Atyla, un proyecto del soriano Esteban Vicente que se empezó a construir con maderas de Vinuesa y que vio la luz en el País Vasco en 1984, ganó, en 2014, uno de los premios más importantes de la Black Sea Regatta de barcos-escuela, el Friendship Trofee (premio a la amistad) y acaba de firmar un convenio con Bilbao, donde llegó hace unos días, para convertir el puerto de esta ciudad en una estación base por cuatro años.

    El barco tendrá el amarre en Bilbao de octubre a mayo y, en esos meses, se harán dos cursos gratuitos uno de carpintería de barcos y de cosido de velas. Asimismo la gente podrá visitarlo y conocerlo por dentro con solo presentar el ticket del Museo Marítimo de Bilbao.

    El Atyla permanecerá en puerto hasta el 3 de mayo de 2015, cuando volverá a echarse a la mar con su tripulación de estudiantes para realizar una travesía de entre 15.000 y 20.000 kilómetros dividida en varias rutas.

    El Atyla, que en sus inicios se llamó Marea Errota, es el único barco-escuela de su tipo en España, ya que otros buques forman parte de la Armada, como el Juan Sebastián Elcano y se necesita ser militar para tripularlos.

    "En el Atyla, cualquiera puede ser parte de la tripulación, sin necesidad de que tenga aspiraciones a ser marinero. Tenemos personas de todas las edades, solo hay que querer vivir esta experiencia", explicó el soriano Alfonso Garzón, encargado de la oficina que coordina el proyecto desde tierra.

    Este barco-escuela con raíces sorianas está cumpliendo sus objetivos al mando del capitán Rodrigo de la Cerna, también de ascendencia soriana y sobrino de Esteban Vicente, creador del proyecto. Cada viaje lo hace con una tripulación de 24 personas, 18 aprendices y seis marineros profesionales.

    Ruta 2014

    El año pasado, el Atyla hizo en total unos 30.000 kilómetros de navegación. Empezó la ruta en abril saliendo en Barcelona, fue a Rusia, a Sochi, donde se realizaron los juegos olímpicos, y luego, en el mar Negro, participó en la ‘Black Sea Regatta’ de barcos-escuela, que se realizó durante todo el mes de mayo y donde ganaron el premio más prestigioso del certamen, el ‘Friendship Trofee’ (premio a la amistad). Este galardón lo votan los capitanes de todos los barcos participantes.

    Cuando finalizó la regata, el Atyla dio toda la vuelta a Europa en un mes, desde Bulgaria hasta Holanda. En Holanda participaron en otra regata: Tall Ships Races, que empezó en Holanda. Llegaron a dos puertos de Noruega y de allí al Mar del Norte, a la zona de los fiordos Noruegos; después hicieron escala en Amsterdam y de allí a Inglaterra, donde participaron en la tercera regata del año entre Falmouth y Londres, "esa competición fue espectacular porque remontaron y pasaron por el puente de la torre, el de la reina, el Tower Bridge y llegaron a Londres", comentó Garzón. De allí dieron la vuelta a la península porque fueron a un evento de barcos clásicos en el sur de Francia, en Toulon, y de allí a Barcelona donde ubicaron el puerto base el año pasado.

    Quienes se embarcan en el Atyla son personas sin experiencia en navegación, dispuestos a vivir una "experiencia que les va a curtir, mínima de dos semanas, sin móviles, ni tablets, ni artefactos tecnológicos, en la que deberán hablar en inglés y en la que convivirán con gente de diferentes países", indicó Alfonso Garzón.

    Los aprendices tienen que vivir y trabajar en la embarcación y el objetivo es que ellos sean capaces de llevar el barco solos, siempre con la supervisión de los marineros.

    Dimensiones considerables

    El Atyla es un barco a velas de dimensiones considerables, tiene 31 metros de eslora y 140 toneladas de peso con lo cual no es fácil maniobrar con él. Saber subir y bajar las velas, subir al mástil y llevar el timón no es sencillo pero esas experiencias contribuyen a desarrollar habilidades básicas de la personalidad, según los impulsores del proyecto.

    Los principiantes aprenden a hacer nudos a limpiar la embarcación y muchos deben vencer su temor a las alturas subiendo a la parte alta del mástil para maniobrar con las velas. La experiencia saca a los aprendices de la comodidad de su hogar hacia una vida más dura y real.

    "Una o dos semanas de una aventura como esta son unas vacaciones muy diferentes y aparte de eso hay un programa de liderazgo para que sirve para cualquier nivel empresarial, con una experiencia real. Los tripulantes aprenden cómo ser un líder de guardia dirigiendo a las cinco personas que están a su cargo. En un turno, seis de los 18 aprendices están a cargo del barco. Es una práctica muy importante para aprender a liderar un equipo", aseguró Garzón.

    El sueño del soriano Esteban Vicente se ha cumplido y el Atyla navega por los mares como un centro docente que no se limita a formar marineros si no que otorga una experiencia particular que contribuye a formar mejores personas.