¿Por qué Cascos invoca a Melquíades?
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- Published on Wednesday, 12 November 2014 05:20
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Las denuncias socialistas sobre el "electoralismo" de una muestra sobre Melquíades Álvarez organizada por Foro invitan a repasar el interés de su líder en el político reformista gijonés
En una sarcástica columna publicada por el diario La Vanguardia cinco días antes de que Francisco Álvarez-Cascos diese el campanazo en las locales y autonómicas de mayo de 2011, el columnista Enric Juliana retrataba a el ex vicepresidente y ex ministro de Aznar, ex secretario general del PP y ex militante popular "con la cota de malla de Don Pelayo y la peluca de Gaspar Melchor de Jovellanos" y atribuía a su ideario político --de ahí el título de la columna-- "ecos de don Melquíades Álvarez", un "liberal asturiano asesinado por los milicianos en 1936". La caricatura era muy exacta. Pero sin duda se hacía necesaria para el lector generalista la magra aclaración sobre quién había sido ese caballero de nombre tan decimonónico al que Álvarez-Cascos ha tenido, en efecto, desde siempre en la cabecera de su altar político junto a su paisano más ilustre, el magno Jovellanos; y la aclaración era necesaria incluso para el lector asturiano, y aun para el asturiano, gijonés y casquista. Porque, a diferencia de Jovellanos, muy pocos entre sus paisanos sabrían hoy ni siquiera identificar el rostro o la dedicación del abogado gijonés al que se conoció como Pico de Oro, que fundó en 1912 el influyente Partido Reformista y que llegó a ser el político asturiano más importante de la Restauración y uno de los más destacados de la España de su tiempo.
prócer ninguneado
A nadie puede extrañar, por tanto, que haya sido precisamente el partido de Álvarez-Cascos el que se haya propuesto enmendar el olvido en la ciudad natal de aquel otro Álvarez --convertida hoy en el reducto político más importante del FAC-- con una exposición que coincidirá, ya casi por los pelos, con el año del 150 aniversario del nacimiento del prócer ninguneado por la memoria. Una exposición que, según denunciaba ayer la oposición socialista, se habría montado, por así decir, fuera de programa y a toda prisa por orden directa de Álvarez-Cascos y "a la medida" de sus intereses electoralistas en una plaza que lo es todo para el futuro del FAC y de su líder. El concejal Justo Vilabrille hablaba de exposición "partidista" y de "chapuza administrativa" para describir una muestra que va a costar casi 84.000 euros y de la que el público no había oído ni una palabra hasta hace unas semanas. De hecho, el proyecto que hoy previsiblemente aprobará la Junta Rectora de la Fundación Municipal de Cultura con los votos del FAC y de uno de los representantes del PP --el segundo se abstendrá-- lleva fecha del 7 de junio. Y nada constaba antes el las programaciones de la FMC para este año.
No es inverosímil que Álvarez-Cascos se niegue a dejar pasar la efeméride en blanco. Son bien conocidos los motivos por los cuales el fundador de Foro se ha autorretratado casi obsesivamente bajo la sombra de Jovellanos, así como Jovellanos fue retratado bajo la sombra de Minerva por Goya. Aún son recordados en Asturias momentos de auténtico fervor jovellanista del entonces vicepresidente del Gobierno, cuyo empeño personal estuvo en el origen de la gran exposición conmemorativa de la llegada de Jovino al ministerio de Gracia y Justicia celebrada en 1998 en el Antiguo Instituto de Gijón. Con el mismo empeño y el mismo patronazgo jovellanista promovió su paso por el Gobierno el irrealizado proyecto de una gran politécnica en Gijón, una herencia magnificada del Instituto de Naútica y Mineralogía que Cascos presentó a lo grande en el Ateneo Jovellanos.
Pero, ¿por qué también ha querido ponerse bajo la sombra de su otro eminente paisano, el reformista Melquíades, al que citó en momentos tan decisivos como su toma de posesión como presidente del Principado o en Pruvia, recién aclamado como presidente del FAC?
cadena de liberales
Precisamente en el discurso de toma de investidura, Melquíades aparece como el último eslabón de una cadena que arranca del ilustrado Jovellanos y pasa por "el naciente liberalismo europeísta" de Argüelles, Toreno, Riego o Flórez Estrada y conectaba con "la nueva política social en España" de Posada y Buylla hasta llegar "al fundador del Partido Reformista" e incluso hasta elsocialista Manuel Llaneza. En ese caudal tan netamente asturiano de liberalismo ilustrado y social, Álvarez-Cascos puede lavar la imagen del derechista duro, inflexible y autoritario que acumuló a lo largo de los ochenta, bajo la tutela de su primer gran valedor, Manuel Fraga, y confirmó en sus años de poder orgánico dentro del partido, como secretario general, o como martillo de los Gobiernos felipistas en el Congreso. Melquíades es una pieza clave en la estrategia de desplazar el propio retrato político hacia el centro... ese movimiento instintivo que todo político padece como un tropismo ante la inminencia de unas elecciones.
En efecto, Melquíades Álvarez fue inicialmente hijo del republicanismo de Salmerón, un republicamismo moderado que se fue moderando aun más con los añoñs, como los aspectos más radicales del joven Melquíades. Fue hijo también del regeneracionismo político y social de la Institución Libre de Enseñanza, Giner de los Ríos y el krausismo; militó contra el caciquismo de la Restauración canovista y contra la dictadura de Primo de Rivera, e intentó lo que hoy llamaríamos una "tercera vía" (entonces, una "Tercera España") contra “dos fanatismos igualmente execrables, que habían condicionado toda la política española: los que llamaba yo el fanatismo de la derecha y el fanatismo de la izquierda; el fanatismo rojo y el fanatismo negro”, según los pinta una célebre cita melquiadista. Era además regionalista. Y regionalista, claro, asturiano.
Si no hubiese sido ya una influencia en el discurso ideológico de Álvarez-Cascos (otra cosa es el décalage que pueda haber entre el discurso y el ejercicio real de la política), Álvarez-Cascos habría tenido que acabar inventando un antecedente Melquíades Álvarez. Es el político perfecto para que un político de derechas busque antepasados y se ahorme como político de centro-derecha. Como un liberal reformista moderado, dialogante, inmaculado... y además dispuesto al sacrificio más extremo. Puesto que Melquíades redondeó su integridad con su propia vida cuando, recién iniciada la guerra, fue fusilado por "el fanatismo rojo" el 22 de agosto de 1936 en la Modelo de Madrid (seguramente, lo mismo le hubiera sucedido en territorio del "fanatismo negro").
un traje electoral a medida
De ahí los temores de la oposición socialista a que Álvarez-Cascos intente cortarse un traje electoral a medida usando los patrones que vistió el políticamente impecable Melquíades, cuyo regeneracionismo sin populismo podría ser tan políticamente atractivo en estos otros momentos de convulsión y crisis. Y la inquietud por el modo en que el comisariado de la exposición pueda trabajar como el sastre de esa operación.
El proyecto de Melquíades Álvarez: el centro reformista prevé la adjudicación de ese papel al doctor en Historia y profesor Ángel Mato, justificándose en "que ha realizado un estudio de investigación inédito". El concejal Justo Vilabrille, que no puso en duda la competencia de Mato, sí sugirió su posible relación con el presunto patrón de la exposición y, en todo caso, con el partido que la propone. La duda de los socialistas reside en si el encargo no estará compensando "supuestos favores laudatorios". Y alude en defensa de esa duda a una columna publicada el 26 de marzo de 2011 por Ángel Mato y José Girón en el diario El Comercio titulada 'La tradición reformista: de Melquíades a Cascos'.
En su artículo, ambos emparentan a "los reformistas" que "defendían importantes cambios en el sistema político con el fin de regenerar la administración pública, sacudida por los males endémicos derivados del bipartidismo turnista de la Restauración (corrupción, caciquismo y clientelismo) y lograr la modernización social y política del país" con el programa del líder de Foro, recordando además que antepasados suyos como Godofredo y Félix Álvarez Cascos fueron "simpatizantes" melquiadistas. Y concluye: "Asturias necesita un proyecto reformista que cierre el ciclo de las infraestructuras iniciadas en la transición democrática, todavía pendientes de encaje en el mapa español y europeo. Existe una meridiana vinculación entre el reformismo innovador, regeneracionista y europeísta fundado por Melquíades Álvarez (...) para llegar al actual reformismo, de matriz melquiadista, e igualmente innovador, modernizador e integrador defendido e impulsado por Francisco Álvarez Cascos".
Si el texto suscitó algún tipo de prurito de débito por parte de Álvarez-Cascos hacia sus autores, no dejaría de ser contra de la opinión publicada de algunos de sus defensores más exacerbados. O al menos, de lo que opinaban inmediatamente después de la aparición de la columna. El artículo provocó una extensa y caústica reacción del principal propagandista del casquismo, Juan Vega, en la web de Foro, dos días después de su publicación. En ella, Vega diagnosticaba, a la vista de la columna, que "empiezan a producirse las primeras muestras del proceso de decantación hacia la nueva vía, de la habitualmente silente intelligentsia universitaria astur".
Y añadía: "Francisco Álvarez-Cascos empieza a suscitar entusiasmos en la 'academia'. No hay mejor indicio de que las cosas se están moviendo que el fototropismo moral y material de algunos de nuestros intelectuales orgánicos del viejo régimen, que dejando abandonados sus orígenes socialistas, buscan lapotencia energética del sol reformista, que empieza a destellar con fuerza, en un horizonte cargado de promesas". Y cita a "José Girón y Ángel Mato", que "dedicaron este sábado un brillante artículo al nuevo reformismo -su particular viaje de la UGT al 'melquiadismo'”.
desenmascaramiento involuntario
Hay, por cierto, en esa misma columna un desenmascaramiento seguramente involuntario de lo que la adscripción al melquiadismo podría tener de mera táctica política en el caso de Álvarez-Cascos (al menos, el de la era del FAC). Escribe Juan Vega:
"La reacción de la partitocracia fue intentar encasillarle [a Álvarez-Cascos] en una opción de derecha extrema, y él, hábilmente, se quitó el sambenito, recurriendo a una vieja idea -lanzada en el histórico congreso de Foro Asturias en Pruvia-, mediante la afortunada reinterpretación de Melquiades Álvarez, adobado con unos polvitos de Anthony Giddens, que le abría muchas puertas. Siempre hace falta un discurso para dar sentido a todo liderazgo, especialmente si éste se cimenta sobre un salto en el vacío, de prodigiosa ambición".
Más aún:
"Se trata, la invocación a Melquiades Álvarez, de un recurso fructífero, pues al apelar a la dimensión reformista del otro Álvarez -Melquiades-, Cascos esquivó el fácil etiquetado, y además, apelando a tan egregio personaje como antecedente, deja la puerta abierta a la organización de un posible desembarco nacional en las generales, si en Asturias se da bien la pesca, y en España las cosas se complican".
un retrato no tan favorecedor
Un interesante contrapunto a esa conveniencia y un retrato no tan favorecedor de Melquíades Álvarez lo había apuntado el 13 de marzo el periodista Lorenzo Cordero en su columna en el desaparecido diario La Voz de Asturias. En ella, describía al Melquíades invocado ya por Cascos como "un personaje del viejo retablo político español, que, en 1912, fundó un partido reformista –el reformismo, entonces, era un progresismo avanzado– partido que empezó siendo republicano; después, se hizo posibilista; luego, accidentalista; hasta que, poco mas tarde, su fundador, que había ido perdiendo su republicanismo hasta quedarse totalmente vació de esa cultura democrática, se encontró, un día, sentado en la presidencia del ultimo Congreso de los Diputados de la monarquía borbónica".
Cordero evoca la soledad política terminal de Melquíades, degradado en mero "portavoz de la monarquía burguesa y liberal" y dejado ya de lado por "la flor y nata de una generación de jóvenes intelectuales" a los que había seducido su proyecto reformista ("entre ellos, Azaña, Ortega y Gasset, Fernando de los Ríos, Américo Castro…"); un Melquiades que se quedó "solo con la compañía de hombres de negocios y pequeños terratenientes, los mimbres políticos que se utilizaban en aquella época para encestar el Poder", y cuyas llamadas al consenso en la Constitución del 31 se verían trágicamente sofocadas solo cinco años después. Alguien que ningún político quisiera ver de ningún modo convertido en modelo. Un Melquíades que, por tanto, es dudoso que, si los temores de la oposición gijonesa son fundados, se vaya a dejar ver en los próximos meses en la gran invocación melquiadista que se prepara en Gijón.

