“En este momento comienza el proceso de valoración técnica de los proyectos para, después, pasar a otra mesa, donde se mirarán las ofertas económicas”, explicó la diputada de Empleo, Promoción y Turismo, Ángeles Férriz. Y es que la labor de los técnicos es ardua. Deben comprobar, de forma minuciosa, en qué grado cada una de las aspirantes cumple con todos los requisitos técnicos que especificados en el pliego de condiciones. Y es que El Tranco no puede ser navegado por una barco cualquiera.
La embarcación electrosolar será tipo catamarán y debe estar construida con poliéster reforzado con fibra de vidrio, de acuerdo a los requisitos establecidos en el documento de licitación. Debe tener capacidad mínima de 60 pasajeros, con posibilidad de cierre transparente en la zona de pasaje, y una eslora de unos 12 metros. Desde el punto de vista más técnico, estará propulsado mediante dos motores eléctricos con capacidad de navegación y maniobra solamente con uno. El plazo de ejecución de la construcción es de dos meses, una vez formalizado el contrato.
Una vez construido, el barco estará en los almacenes de la empresa adjudicataria hasta que se lleve a cabo el traslado hasta el corazón del Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. Puede parecer algo sencillo, pero no lo es. A la complicación de transportarlo por la carretera de acceso, se suma la de flotarlo. En principio, la idea —en coordinación con la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir— es “soltarlo”, con la ayuda de dos grúas, desde la misma presa de El Tranco.
Eso será en verano del año que viene, cuando se prevé que el embalse ya pueda ser navegable. Para entonces, ya estarán terminadas las obras del embarcadero y funcionarán a pleno rendimiento. El barco solar atracará en un dique a diferentes alturas, es decir, que variará en función del agua embalsada en el pantano. Para aquellos que no quieran recorrer las colas de El Tranco, pueden disfrutar de las vistas desde el mirador o practicar deportes de un mayor riesgo como, por ejemplo, la tirolina.


