OLEG NAYDENOV. EL MINI-PRESTIGE CANARIO

 Actualizado 20-04-2015

 

 Un viaje a ninguna parte. Una excursión por el dispositivo de tráfico.

 

Los profesionales con experiencia, en ocasiones, se equivocan, los intrusos, cuando tienen que enfrentarse a situaciones que requieren formación específica y experiencia, suelen fallar siempre.

El accidente del Prestige, por mucho que se haya podido remendar con la sentencia, pasará a la historia como un cúmulo de errores  propiciados por la incapacidad de un gestor náuticamente indocumentado y sin experiencia.

En el caso del pesquero ruso OLEG NAYDEDOV, con el paso de los días van aflorando nuevos datos, que confirman el monumental despropósito de quienes decidieron sacar el buque del puerto y darle un paseíllo, que evidencia su manifiesta incapacidad para gestionar un simple incendio.

Como en el caso Prestige, aquí también se optó por el rumbo a ninguna parte, y según publican algunos medios, la idea de hundir el barco estuvo presente desde el mismo momento en que se extinguió el incendio.

¿Se puede comparar el Prestige con el Oleg?

Lo comparable no son las cantidades que uno y otro barco transportaban en sus tanques -que no lo son- , sino la sucesión de ocurrencias y despropósitos que jalonan este suceso.

¿Qué sentido tiene atravesar un dispositivo de tráfico con un barco incendiado y a remolque?

¿Qué sentido tiene pasear con un barco escaso de estabilidad y cargado con productos contaminantes sobre una zona sensible?

¿Qué sentido tiene poner rumbo a ninguna parte?

¿Qué sentido tiene quitarle importancia al daño ecológico que se puede derivar de la nefanda gestión del accidente?

La ministra de Fomento, Ana Pastor, sensible a al bochornoso espectáculo ofrecido por sus subordinados, ha tomado la decisión de presentarse en el escenario real y tratar de poner un ápice de sentido común en la gestión del accidente. Eso la honra. Pero a decir de quienes estuvieron presentes, ante las preguntas de los periodistas, la ministra también quedó en evidencia, aunque tuvo la prudencia de callarse para evitar un ridículo similar al de los famosos hilillos del Prestige.

¿Cuándo se convencerá los poderes fácticos de este país que las cosas de la mar son muy serias y no pueden quedar en manos de navegantes de moqueta y tecnoburócratas amparados por un sectarismo omnipresente en la vida pública española?.

Los medios deberían abordar esta situación con valentía y decisión. El problema es grave y no se resolverá en tanto que no se garantice la profesionalidad náutica de quienes han de gestionar los asuntos marítimos.

Por muy legal que sea, un capitán marítimo que no es capitán ni tiene experiencia en la gestión náutica, no deja de ser un problema en potencia.

Los ceses deberían ser inmediatos. España no puede seguir siendo  un país coleccionista de accidentes.  

Cap. José Antonio Madiedo

Presidente de la Asociación Española de la Marina Civil

Ex director general de la Marina Mercante