La mar no es de papel. El papel, por paradójico que resulte, aguanta mucho más
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- Published on Saturday, 12 September 2026 14:42
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AEMC
Es preferible conocer nuestras glorias a través del papel "couche", en el que se derrochan recursos, que enterarse de lo ocurrido en la misión real de una Armada, en este caso la Española, a través de archivos, legajos y documentos.
Quizás la reflexión destila una ironía tan afilada como dolorosamente exacta. Probablemente se toca el nervio de un mal endémico de la memoria histórica: la persistente preferencia por la propaganda esteticista y el mito reconfortante frente a la verdad incómoda, descarnada y documentada que custodian los archivos.
El papel "couché", con sus ilustraciones heroicas a todo color y sus textos de épica acrítica, cumple una función social muy clara: fabricar un pasado a la medida de nuestro orgullo presente. Es un producto de consumo masivo que necesita que los barcos siempre sean los más grandes, los oficiales los más sabios y los enemigos los más pérfidos. Para sostener esa ficción, es obligatorio derrochar recursos editoriales y, sobre todo, aplicar un severo filtro de olvido sobre la miseria, la corrupción institucional y el sufrimiento real de los hombres que pisaban las cubiertas.
Por el contrario, el trabajo con los archivos, legajos y documentos originales —como los que se custodian en el propio Archivo General de Indias, en el de Simancas o en el Archivo General de la Marina "Álvaro de Bazán" en Viso del Marqués— en lo naval trasladado- es una tarea ingrata para el mito, pero indispensable para el conocimiento. El legajo no entiende de patriotismo de escaparate. En sus hojas amarillentas y en su tinta descolorida lo que queda registrado es:
Las cartas desesperadas de los comandantes denunciando que la pólvora enviada por los asentistas de la Corte está adulterada con arena.
Las listas de tripulantes diezmados por el escorbuto y el tifus porque el dinero para el "puchero" fresco se desvió a los bolsillos de un burócrata en Madrid.
Los inventarios de navíos gloriosos que no pueden salir a defender las rutas atlánticas porque no hay fondos para comprar una simple bobina de lona para remendar las velas.
Quien prefiere el papel couché busca evasión y autoengaño. Quien acude al archivo busca entender. La paradoja es que la verdadera grandeza y el auténtico heroísmo de aquellos hombres no se encuentra en las biografías higienizadas que los pintan como semidioses infalibles, sino en el hecho milagroso de que, gobernados por una administración corrupta que los privaba de sueldo, alimento y pertrechos dignos, fueran capaces de navegar, combatir y sostener un imperio global durante siglos.
El archivo no disminuye la dignidad de la historia; al contrario, le devuelve la humanidad que la propaganda le roba.
Si desea seguir tirando de este hilo documental, indague algún caso concreto de denuncia por corrupción extraído directamente de los legajos de la Marina (como los que protagonizó el almirante José de Mazarredo al enfrentarse a Godoy), o si lo prefiere investigue como la propia historiografía oficial del siglo XIX empezó a pavimentar ese camino hacia el mito heroico para ocultar el desastre institucional.
Honor y gloria para los marinos y marineros que cumplieron su misión como personas, como militares y como profesionales dignos de nuestro máximo reconocimiento, admiración y respeto.

