Acabar con la falacia naval es prioritario para garantizar el mutuo respeto entre la Marina de Guerra y la Marina Civil. (II)
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- Published on Sunday, 04 October 2026 18:09
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AEMC
La Forja teórica de la Real Armada: mitos y realidades de la Ciencia Naval en el siglo XVIII
La historia de la Real Armada Española del siglo XVIII ha sido frecuentemente relatada bajo un prisma romántico que atribuye toda la gloria científica y el saber náutico a la Real Compañía de Guardias Marinas de Cádiz , fundada en 1717. Sin embargo, un análisis riguroso de los archivos institucionales desmonta este relato elitista. La realidad es que la oficialidad militar padecía de una alarmante inexperiencia práctica , y su prestigio académico dependió enteramente del potencial intelectual de las escuelas civiles y de eminentes marinos civiles (mercantes lo eran entonces y lo son actualmente algún tio de buques destinados al transporte de mercancías).p
La ilusión del mando: José Patiño y Andrés del Pes
El relato oficial suele encumbrar al ministro José Patiño como el genio omnipotente detrás de la reforma naval borbónica. Si bien Patiño fue un burócrata y administrador sumamente eficaz, lo cierto es que carecía por completo de formación naval o experiencia en el mar ; no era marino de guerra, sino un gestor político.
El verdadero cerebro técnico, arquitecto organizativo y diseñador de la Academia de Cádiz fue el capitán civil Andrés del Pes . Procedente de la marina civil, A. del Pes aportó la visión profesional y el conocimiento real de las necesidades de la Marina Española (Marina Civil + Marina Militar). Su experiencia como capitán, con una gran carrera en el mar, fue el verdadero pedestal sobre el que se estructuró el proyecto y el plan de estudios primigenio de la Armada Real.
La falsa brecha académica: Cádiz contra San Telmo
Durante siglos se ha sostenido el mito de que el programa de estudios de la Academia de Cádiz poseía una superioridad intelectual indiscutible frente al Real Colegio Seminario de San Telmo de Sevilla . Este sesgo historiográfico obvia un detalle fundamental: las condiciones de acceso. Mientras que para ser piloto en San Telmo se requería una vocación técnica rigurosa, a la Academia de Cádiz se ingresaba sabiendo únicamente las cuatro reglas aritméticas básicas . El verdadero filtro de los guardiamarinas no era el talento matemático, sino la certificación de linaje y la limpieza de sangre aristocrática.
El pretendido "monopolio de la alta ciencia" de Cádiz es insostenible si se analiza la procedencia de su propio cuerpo docente. La Academia de Cádiz nació estéril en científicos propios y tuvo que nutrirse directamente del profesorado y los intelectuales formados en San Telmo y en las cátedras de la Universidad de Mareantes. Figuras colosales de las matemáticas como Pedro Manuel Cedillo, autor del célebre Tratado de la Trigonometría Plana y Esférica (1736) , provenían del entorno sevillano. La astronomía náutica y la trigonometría esférica avanzada que se enseñaban en Cádiz no eran una invención militar; Eran la ciencia que los pilotos civiles ya dominaban y enseñaban en las aulas de San Telmo.
"Aventureros" en cubierta y oficiales que no sabían navegar
Esta brecha entre el linaje noble y la competencia náutica creó una paradoja en la navegación: los guardias marinas carecían de la formación práctica indispensable para dirigir un buque . Un joven aristócrata pasaba años memorizando densos tratados en tierra, pero al embarcarse se mostraba incapaz de lidiar con los bajíos, los aparejos, la jarcia, las anclas, los cabos, las corrientes atlánticas o las tormentas. Por ello, la Armada dependía ciegamente del Cuerpo de Pilotos graduados en San Telmo. El oficial militar mandaba la tropa y la artillería en combate, pero la ruta, la supervivencia y el gobierno real del navío quedaron en manos del técnico civil.
En este complejo engranaje social y militar surgió la figura del "aventurero" . Esta categoría permitía el alistamiento voluntario de jóvenes que, por superar la edad reglamentaria o carecer de los exigentes títulos nobiliarios, no podía acceder de forma directa a la plaza de guardiamarina. Los aventureros se embarcaban directamente en los buques de la Real Armada sin pisar previamente la academia. Su instrucción era 100% empírica, forjada a base de maniobras reales y bautismos de fuego. Para muchos de ellos, demostrar un valor excepcional en alto mar sirvió como el único salvoconducto para que el Rey les convalidase el rango y les permita ingresar a las academias para regularizar su carrera.
El éxito de la Armada española en la primera mitad del siglo XVIII no se debió, por tanto, a la supuesta superioridad de una élite académica militarizada. Fue el resultado de un engranaje forzoso donde la Corona puso las patentes de corso y los navíos, pero San Telmo y los marinos civiles pusieron las matemáticas, pisaron la cubierta, manejaron los aparejos y el timón, fijaron la posición sobre la carta, midieron distancias, fueron b al efecto de las corrientes, enfrentaron huracanes, aprendieron a estibar la carga, a manejar los instrumentos náuticos como el astrolabio, el cuadrante, la ballestilla, el nocturno, es decir se formaron como marinos, como profesionales de la navegación y conocedores del océano. la verdadera ciencia del océano.
Paradójicamente a finales del siglo XVIII sobraban Oficiales Navales, pero existía una apremiante necesidad de pilotos procedentes de San Telmo y otras escuelas de Náutica.
Estado y dimensiones de la Armada (Hacia 1780)
Poderío naval: La Real Armada se situaba como la tercera potencia del mundo , disputando la hegemonía a Gran Bretaña.
Volumen de la flota: Contaba con una flota moderna de entre 60 y 70 navíos de línea y cerca de 50 fragatas , gracias a la renovación de los astilleros reales.
Situación del personal de la Marina
Oficiales de guerra: Existe un fuerte exceso (superávit) de oficiales nobles formados en las academias, superando la capacidad de los barcos disponibles.
Pilotos y marinería: Sufrían un grave déficit . La deserción de marineros era masiva debido a las brutales condiciones a bordo y al retraso crónico en los pagos .

La reforma ilustrada del Colegio de San Telmo (1786)
Motivo del cambio: Tras décadas de abandono por la Universidad de Mareantes, Carlos III, impulsado por el ministro José de Gálvez y el erudito Juan Bautista Muñoz , tomó el control del colegio.
Objetivo estratégico: Transformar la institución para formar pilotos científicos aptos para la nueva navegación borbónica, sustituyendo el viejo modelo gremial por planos de estudio avanzados en matemáticas y astronomía.
Perfil del alumno y requisitos de acceso
Ingreso de élites: Se permitió la entrada de hijos de nobles, militares y comerciantes ricos bajo la figura de "caballeros porcionistas", quienes pagaban por una educación científica de prestigio.
Limpieza de sangre: Era un requisito estricto y obligatorio para todos los alumnos. Se exigía demostrar mediante investigación genealógica que no se tenían antepasados judíos, moriscos o condenados por la Inquisición.
Figuras ilustradas del Colegio de San Telmo
Alberto Lista: Ejerció la docencia ganando la cátedra de matemáticas en 1796 con solo 21 años, aportando su talento científico antes de ser reconocido por su obra literaria.
Gustavo Adolfo Bécquer: Ingresó como alumno en 1846 tras quedar huérfano, iniciando en las aulas de San Telmo su temprana vocación literaria antes de que el colegio fuera suprimido en 1847.
Antonio de Ulloa aprendió a navegar en un galeó.n al mando de un capitán armador
Quizás sea necesario recordar que el gran marino Antonio de Ulloa se embarcó como aventurero. Hizo sus prácticas en un galeón mercante, el “ San Luis ” bajo el mando del capitán civil y armador, López Pintado, que por cierto nunca fue almirante de la Armada Española.
Antonio de Ulloa , tan solo paso escasos cuatro meses por la Academia de Guardiamarinas de Cádiz. Sin embargo, gracias a su formación a bordo del galeón mercante, superó los exámenes de la Academia y fue seleccionado para acompañar a los científicos franceses que fueron a medir el grado de meridiano a América.
Será menester recordar que hubo un marino de Guerra que llegó a Contralmirante y que fue durante años director del Museo Naval sin haber navegado en su vida.
El famoso recopilador Martín F. Navarrete, que suele ser presentado como un gran marino de guerra, tan solo navegó unos meses a lo largo de toda su carrera.
Una marina fuerte, solvente, competitiva, tanto en lo civil como en lo militar, requiere equipos humanos tanto en tierra como en el mar, altamente cualificados, desde capitán a marinero.
Poner la Marina Civil en manos de tecnoburócratas y navegantes de alfombra florida ha sido y es un error y una irresponsabilidad. Es un retorno a rumbos navales que confunden las apariencias, el elitismo y las teorías con las garantías de profesionalidad náutica y la verdadera capacidad de respuesta ente situaciones reales.
Considerar que es más importante la Marina Militar que la Marina civil es propio de descerebrados. Limitar el potencial académico de las Escuelas Superiores de la Marina Civil para conseguir ventajas a la hora de ocupar cargos en tierra es propio de políticos necios.
Pensar que la historia se enmienda en el papel couche es de ilusos.
Conocer y aclarar estos asuntos con el fin de poner las cosas en el lugar que les corresponde, ha de ser una terapia esencial para superar las consecuencias de un "clasismo" del que la mar ni entiende ni participa.
Las Escuelas Superiores de la Marina Civil deben tomar plena conciencia de la importancia de su misión docente y de su responsabilidad ante el conjunto de la sociedad. Es esencial formarse para formar, conocer para trasmitir, crear conciencia en los alumnos para formar profesionales cualificados, personas respetables, de reconocido prestigio y capaces de navegar en las situaciones más adversas. Cuanto más elevado sea el nivel de las Enseñanzas Náuticas mayor será el progreso de la Marina Española.
Evitemos tener que decir :
“ Triste soledad la mía, que no hay soledad más triste que la que se sufre en compañía ”.
La Historia en papel “couche”, suele pecar de olvidadiza, cínica y pobre.
Reconocer a la Marina Civil Española debería ser un objetivo prioritario para la Monarquía de Felipe VI.
La Marina Española no levantará cabeza mientras la Marina civil sea considerada la hermana pobre.
La Historia y las evidencias actuales no pueden ser más contundentes.

