Cristóbal Colón, marino que confirmó la existencia de un Nuevo Mundo, ni era genovés, ni marino de guerra, ni Almirante de la Armada Española

 

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Capitán José A. Madiedo Acosta 

(con ayuda IA)

                                                  

A finales del siglo XV, el lenguaje de la cancillería de los Reyes Católicos construyó un andamiaje legal sobre el que se cimentó el viaje más trascendental de la historia moderna. Sin embargo, un análisis riguroso de la documentación guardada en el Archivo de la Corona de Aragón revela que el relato tradicional está plagado de anacronismos. Ni la monarquía poseía las yeguas que decían gobernar, ni los nobles que ostentaban los títulos pisaban las cubiertas, ni el hombre que cruzó el Atlántico lo hizo vestido con la dignidad de Almirante. El primer viaje de 1492 fue planificado, contratado y ejecutado por un civil bajo el cargo operativo de capitán.

1. La quimera de la soberanía: Los «Señores de la Mar Océana»

En las postrimerías del siglo medieval, los Reyes Católicos se proclamaban Señores de unos espacios que escapaban por completo a su conocimiento geográfico ya su control fáctico. La expresión «la mar Océana» (en aquella época se utilizaba exclusivamente en femenino) designaba la inmensidad de la mar que rodeaba el bloque continental conocido [1].

Desde el punto de vista del derecho internacional, el señorío sobre estas aguas no se media en millas territoriales como hoy en día. Se basaba en una ficción de soberanía latente refrendada por la diplomacia y el papado. El tratado vigente en abril de 1492, el Tratado de Alcáçovas (1479) , limitaba restringido a Castilla: reconocía la soberanía portuguesa sobre las Azores, Madeira, Cabo Verde y el derecho exclusivo de navegación al sur de las islas Canarias [2].

Al arrogarse señorío sobre el Océano hacia el Occidente, los reyes operaban en un vacío cartográfico absoluto. Reclamaban el monopolio de una ruta inexplorada partiendo de la premisa de la futura evangelización, convirtiendo las Capitulaciones de Santa Fe en un documento de intenciones políticas más que en un acta de posesión real.

2. El Almirante de Castilla: Un cortesano que no navegaba

El texto de las Capitulaciones (17 de abril de 1492) establece que las mercedes y derechos de Cristóbal Colón se equipararían a las que poseía el Almirante Mayor de Castilla en su distrito [3]. Sin embargo, la historiografía popular suele arrastrar dos errores de bulto respecto a esta figura:

  • El titular real de 1492: Con frecuencia se atribuye de forma fáctica este título a Don Fadrique Enríquez. Jurídicamente esto es falso. En abril de 1492, el titular único, formal y legal del cargo era su padre, Alfonso Enríquez de Quiñones (III Almirante de su dinastía). Aunque se encontraba gravemente enfermo y fallecería meses después (en noviembre de ese año), el derecho de la época dictaba que las dignidades vinculadas a un mayorazgo pertenecían exclusivamente al titular hasta su muerte. Su hijo Fadrique ejercía una delegación práctica, pero carecía de la titularidad legal. Las Capitulaciones miraban formalmente a la dignidad encarnada por Alfonso.

 

Un cargo puramente burocrático: El Almirante de Castilla no era un marino, y menos a una pertenencia a una inexistente Armada Española. Los Enríquez del año 1492 eran grandes nobles cortesanos que jamás navegaban . Su poder no consistía en patrullar las yeguas, sino en su imperio judicial sobre los «fechos de la mar» . Desde tierra firme, a través del Tribunal del Almirantazgo en Sevilla, juzgaban los pleitos de marinos y mercaderes, tasaban los derechos de carga, expedían licencias de corso y cobraban impuestos. El mando náutico real en alta mar no correspondía al Almirante de Castilla, sino que se delegaba en capitanes designados para misiones específicas.

 

3. Cristóbal Colón : El capitán civil que planificó el viaje

El mito romántico presenta a Cristóbal Colón cruzando el Atlántico con el estandarte de Almirante de la Mar Océana. La realidad jurídica es muy distinta: Colón realizó el viaje de ida y vuelta como capitán, no como militar y no como almirante.

En el siglo XVI, el rango de "Capitán General" o "Capitán de una armada" no formaba parte de una escalada militar profesional o permanente, pues tal institución no existía. Las flotas se organizan de manera coyuntural requisando y alquilando barcos privados. El cargo de capitán era el de un "capitán de capitanes" : un civil, un gestor político y administrativo al frente de una expedición con multas estrictamente comerciales y de poblamiento, provisto de la potestad judicial y de defensa indispensable para asegurar el éxito de la empresa [6].

El título de Almirante prometido en las Capitulaciones de Santa Fe estaba sujeto a una condición suspensiva : solo se activaría si descubría y ganaba nuevas tierras. Los reyes no podían nombrarlo formalmente Almirante de un mar y unos territorios que legalmente aún no existían bajo su soberanía.

Por esta razón, en la Real Provisión del 30 de abril de 1492 (leída formalmente ante los vecinos de Palos de la Frontera), la Corona se dirige a él desprovisto de títulos nobiliarios o del trato de "Don", ordenando que se le obedezca estrictamente «como nuestro capitán de las dichas tres carabelas» [7].

No fue hasta el 28 de mayo de 1493 , tras su regreso a la Península y tras demostrar fácticamente el éxito de la travesía, cuando los Reyes Católicos firmaron en Barcelona la Real Carta de Confirmación [8]. Solo en ese momento, con carácter retroactivo, el capitán civil Christoval Colón se convirtió, formal y legalmente, en el Almirante Don Cristóbal Colón.


Referencias documentales e históricas:

  • [1] López de Gómara, F. (1552). Historia General de las Indias. Zaragoza. (Estudio del concepto de la Mar Océana en la cronística del siglo XVI).
  • [2] Tratado de Alcáçovas-Toledo (1479-1480). Archivo General de Simancas, Patronato Real, leg. 17, doc. 15. (Delimitación de la navegación atlántica entre Castilla y Portugal).
  • [3] Capitulaciones de Santa Fe (17 de abril de 1492). Archivo de la Corona de Aragón, Real Cancillería, Registro 3569, fols. 135v-136r.
  • Real Academia de la Historia (RAH). Biografía de Alfonso Enríquez de Quiñones, III Almirante de Castilla. Diccionario Biográfico Electrónico.
  • Alfonso X el Sabio (Siglo XIII). Las Siete Partidas (Partida II, Título IX, Ley III: "Qué poderío tiene el almirante...").
  • [6] Chaunu, P. (1955). Sevilla y el Atlántico (1504-1650). París. (Análisis de las estructuras comerciales y de los cargos de las armadas indianas).
  • [7] Real Provisión a los vecinos de Palos (30 de abril de 1492). Archivo General de Indias, Patronato, 295, N.4.
  • [8] Real Carta de Confirmación de los títulos de Almirante, Virrey y Gobernador (28 de mayo de 1493). Archivo General de Indias, Patronato, 295, N.9.