Prestige.- Ríe mejor el último
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- Published on Saturday, 10 May 2014 17:14
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antón luaces 09.05.2014 | 01:10
La Opinión A Coruña
Un viejo lobo de mar griego pone en jaque a los lobeznos de la Justicia española. Apostolos Mangouras, capitán del Prestige hasta que le obligaron a abandonar el buque, se burla de todos con una sencilla estratagema: no firmar la sentencia.
Apostolos Mangouras es el único de los cuatro imputados en el caso Prestige que fue conducido a la cárcel sin más visos de culpabilidad sobre lo ocurrido que el no haber hecho lo que el ministro de Fomento de entonces, Francisco Álvarez-Cascos, y su guardia pretoriana de la Dirección General de la Marina Mercante, tenían establecido: condenarlo por haber contaminado la costa española, por haber negociado un rescate cuando lo que se pretendía era un salvamento y, de paso, eximir a los cachorros de Salvamento Marítimo de la culpabilidad previsible en una acción que sabían sobradamente no iba a finalizar bien para nadie. Felizmente la tripulación se había salvado y lo que se quedaron a bordo fueron forzados a dejar el viejo candray al garete.
No sé si por la mente de Mangouras pasa, en este momento, la venganza por un encarcelamiento, en la prisión de Teixeiro, que en ningún país civilizado de establece al capitán de un barco accidentado. Pero su inhibición en la firma de sentencia más parece deberse a un xa falaremos co pai da rapaza muy gallego que a una imposibilidad física. Porque el veterano capitán del petrolero que contaminó la práctica totalidad del litoral noroeste y norte de España está localizado y bien localizado en su Grecia natal y de residencia. Y su tardanza en firmar la sentencia del juez Pía paraliza hasta no se sabe cuándo el procedimiento que debería seguirse ante el Tribunal Supremo.
Paralizado. Tal cual. Y que no se le ocurra a nadie que Mangouras piensa en morirse antes de estampar su firma en la sentencia dictada hace seis meses. Simplemente saborea su venganza y baila un sirtaki sobre la tumba del Prestige en un Mediterráneo alejado de la sima atlántica en la que el pecio ya es -o debe ser- criadero de peces, pero muy propicio al cachondeo y hasta al contubernio.

