El 13 de julio de 2024, Tala Mahmoud, de 14 años, esperaba en una fila para recibir alimentos en la «zona segura» designada por Israel en al-Mawasi, Khan Younis, cuando aviones de combate israelíes lanzaron varias bombas de 900 kilogramos sobre la zona. Su madre, Naglaa, relató la dantesca situación que le tocó presenciar. «Encontré trozos del cuerpo de mi hija en un árbol», declaró a The Electronic Intifada. «Empecé a gritar aterrorizada». Al menos noventa palestinos murieron en el ataque de al-Mawasi y otros trescientos resultaron heridos. Al día siguiente de la masacre, Yoav Gallant, entonces ministro de Defensa de Israel, visitó la base aérea de Nevatim, en el sur de Israel, para agradecer personalmente a los pilotos que habían participado en el ataque. El ejército israelí confirmó en una respuesta por escrito al medio y centro de investigación danés Danwatch y al periódico de la misma nacionalidad Dagblabet Information, que se habían utilizado aviones de combate F-35 en el ataque.
Durante los últimos veinte meses Israel ha recurrido a su fuerza aérea para llevar a cabo su campaña de bombardeos genocidas perpetrados contra la población palestina en Gaza. Esta fuerza aérea, a su vez, depende de una cadena de suministro global, que se encarga de proporcionar un flujo constante de nuevas municiones y aviones de combate a Israel, así como de proveer las piezas de repuesto necesarias para mantener su flota actual. El F-35, un avión de combate furtivo de quinta generación, se anuncia como una de las máquinas de combate aéreo más caras y avanzadas del mundo en estos momentos. Para los máximos responsables de las fuerzas de defensa israelí, el F-35 es la «joya de la corona» de su superioridad aérea militar y simboliza la fuerza de la cooperación en materia de seguridad existente entre Estados Unidos e Israel, que es el único país del programa F-35, que cuenta con su propia versión del avión de combate, el F-35I Adir.
Casi todos los envíos marítimos de componentes de aviones de combate a los centros de producción del F-35 en California y Texas han sido transportados por Maersk
Con su flota de F-35, además de otros aviones de combate, la fuerza aérea israelí ha llevado a cabo un número sin precedentes de ataques aéreos en Gaza y, el mes pasado, en Irán. Israel ha afirmado que el ataque aéreo contra Al-Mawasi perpetrado en julio de 2024, llevado a cabo por F-35, había matado al comandante militar de Hamás Mohammed Deif. Un reciente informe, «Shipments for Slaughter: Maersk’s Central Role in Manufacturing and Maintaining F-35 Fighter Jets for Israel», publicado por el Palestinian Youth Movement, arroja nueva luz sobre el alcance de la complicidad mundial con el programa del avión de combate F-35. El informe identifica a la empresa danesa Maersk, una de las mayores compañías de transporte y logística del mundo, como protagonista en la fabricación y el mantenimiento de los aviones F-35, incluidos los destinados a Israel.
El papel central de Maersk
El informe analiza los registros de exportación e importación anotados entre 2019 y 2025, durante los cuales Maersk facilitó más de mil envíos por un total de algo más de 6800 toneladas de material militar, vinculados a las cadenas de suministro mundiales del F-35. Esto incluye alas suficientes para aproximadamente la mitad de todos los F-35 conocidos entregados durante este periodo, según el análisis del informe. Casi todos los envíos marítimos de componentes de aviones de combate a los centros de producción del F-35 en California y Texas han sido transportados por Maersk, según la investigación de PYM. Estos envíos conectan a proveedores de Israel, Italia, Países Bajos, Noruega, Turquía, Canadá, Francia y el Reino Unido con Lockheed Martin y Northrop Grumman, los dos contratistas de defensa con sede en Estados Unidos, que gestionan los centros de producción más importantes del F-35 en nombre del Departamento de Defensa estadounidense.
La campaña Mask Off Maersk, lanzada en mayo de 2024, pretende superar la inacción internacional ante el genocidio de Israel mediante la promulgación de un «embargo de armas popular»
En algunos casos, estos envíos violan varias de las propias regulaciones de exportación de estos países por razón de su contribución a las violaciones del derecho internacional humanitario. Maersk también ha enviado componentes del F-35 directamente al ejército israelí y a sus principales contratistas. Ello incluye dos envíos de cargadores de municiones BL-1, que se utilizan para armar los F-35 con bombas, directamente a Elbit Systems, el mayor fabricante de armas de Israel, así como a Israel Military Industries, propiedad de Elbit. El informe destaca la urgente necesidad de poner fin a la complicidad de las empresas con el genocidio de Israel mediante esfuerzos coordinados y transnacionales de embargo de armas, como la campaña Mask Off Maersk. El informe también destaca cómo los gobiernos de Gran Bretaña, España, Italia, Marruecos y Egipto han desempeñado un papel en la cadena de suministro del F-35 al permitir el envío de componentes militares a través de sus puertos.
El F-35 y la maquinaria de la masacre
La mortífera campaña aérea de Israel y la flota de aviones de combate utilizada para llevarla a cabo han provocado un nivel de destrucción «sin precedentes en ningún otro conflicto del siglo XXI», según Amnistía Internacional. Solo en las tres primeras semanas del genocidio, los aviones de combate israelíes lanzaron 25.000 toneladas de explosivos sobre Gaza, atacando hospitales, infraestructuras municipales y viviendas. La brutalidad sin precedentes de esta guerra aérea, combinada con la invasión terrestre del ejército israelí, ha causado la muerte de más de 57.000 palestinos, aunque esta cifra, basada en los informes del Ministerio de Salud de Gaza, es casi con toda seguridad muy inferior a la real. La fuerza aérea israelí cuenta con cuarenta y cinco aviones de combate F-35 de fabricación estadounidense. Tres de estos aviones de combate fueron entregados en abril de este año. Desde el inicio del genocidio, la escuadrilla de F-35 israelí ha registrado más de 15.000 horas de vuelo, un nivel de uso que requiere un mantenimiento constante en forma de piezas de recambio y revisiones. Además del mantenimiento de su flota actual, Israel tiene pedidos por valor de miles de millones de dólares de nuevos F-35 a Lockheed Martin. Sin esta fuerza aérea, sostenida por un flujo constante de nuevos aviones de combate, piezas de repuesto y municiones explosivas procedentes de innumerables países de todo el mundo, el ejército israelí no sería capaz de llevar a cabo su campaña de aniquilación en Gaza.
Vulnerabilidad clave
El programa del avión de combate F-35 es una empresa global. Si bien el Departamento de Defensa estadounidense y sus contratistas de defensa son responsables del montaje final y de la entrega de los F-35 a los aliados de los Estados Unidos, cada avión contiene componentes procedentes de más de mil cuatrocientos proveedores de todo el país y de más de cien proveedores internacionales. Este vasto esfuerzo multinacional genera apoyo económico y político para el complejo industrial militar estadounidense en el extranjero. Pero también pone de relieve una vulnerabilidad clave de la cadena de suministro del F-35. Debido a su dependencia de una compleja red mundial de proveedores en diferentes países, cuya interrupción puede causar retrasos críticos en la producción de aviones de combate, el programa F-35 se enfrenta a una exposición única a las interrupciones de la cadena de suministro. Como resultado, empresas como Maersk, que desempeñan un papel esencial en la conexión de los proveedores con los puntos de montaje final y en el suministro de piezas de repuesto para los aviones de combate, son susceptibles de sufrir presiones de activistas de todo el mundo, además de la intervención gubernamental de varios países. A principios de este año, más de doscientas treinta organizaciones pidieron a todos los países socios del programa F-35, que detuvieran las transferencias de armas a Israel.
Un embargo de armas popular
La campaña Mask Off Maersk, lanzada en mayo de 2024, pretende superar la inacción internacional ante el genocidio de Israel mediante la promulgación de un «embargo de armas popular», creando una campaña de base para presionar al gigante logístico Maersk a que rompa sus vínculos con la cadena de suministro, que sostiene y permite el genocidio en Gaza. Desde el lanzamiento de la campaña, organizaciones de todo el mundo han liderado acciones de desobediencia civil, publicado informes y emprendido acciones legales para presionar a Maersk a que rompa sus vínculos con los ejércitos de Estados Unidos e Israel.
Mientras los aviones de guerra israelíes siguen atacando y bombardeando viviendas, hospitales y campos de refugiados en Gaza, campañas como Mask Off Maersk ofrecen una vía para poner fin a la complicidad mundial con el genocidio de Israel, dado que pretende cortar el flujo de armas, aviones de combate y componentes militares hacia Israel
La campaña Mask Off Maersk publicó en mayo un informe, «Exposing UK Arms Exports to Israel», que revelaba cómo el Reino Unido sigue exportando armas y municiones a Israel, incluidas piezas del F-35, a pesar de la prohibición impuesta por el gobierno británico en septiembre de 2024 de exportar directamente componentes del F-35 a Israel. Tras la publicación de estas pruebas, más de cuarenta miembros del Parlamento británico firmaron una carta en la que instaban al ministro de Asuntos Exteriores, David Lammy, a explicar por qué el gobierno había engañado a la opinión pública y a sus colegas legisladores al seguir participando en el mortífero programa F-35, en violación de las obligaciones del Reino Unido a tenor del derecho internacional. En abril, comunidades de todo el mundo se movilizaron rápidamente en ciudades portuarias de Estados Unidos, Francia y Marruecos para impedir que el Nexoe Maersk, un buque de carga operado por Maersk, entregara un cargamento de equipamiento de F-35 a la base aérea israelí de Nevatim, según los datos desprendidos del conocimiento de embarque. Se produjeron movilizaciones masivas en diversos puntos de Marruecos para impedir el atraque del buque, lo que provocó costosos retrasos de varios días para Maersk y la dimisión de varios trabajadores portuarios marroquíes. En Francia los trabajadores portuarios locales pertenecientes al sindicato CGT también se negaron a manipular la carga de Maersk en el puerto de Fos Sur Mer, en Marsella.
En medio de las crecientes peticiones de investigación de los buques de Maersk, la compañía eliminó el puerto de Fos Sur Mer de una de sus líneas de servicio en el Mediterráneo con destino al puerto de Haifa. Maersk también había dejado de utilizar el puerto de Algeciras para los envíos con destino a Israel dos meses antes, después de que España denegara el puerto a los buques de Maersk sospechosos de transportar material militar destinado a Israel. En mayo, un tribunal de Barcelona abrió una investigación preliminar sobre Maersk en España, basándose en las conclusiones de la campaña. Maersk desvió estos envíos cuando el gobierno español impidió que dos buques de Maersk sospechosos de transportar carga militar a Israel atracaran en el puerto de Algeciras en noviembre del año pasado.
Mientras los aviones de guerra israelíes siguen atacando y bombardeando viviendas, hospitales y campos de refugiados en Gaza, campañas como Mask Off Maersk ofrecen una vía para poner fin a la complicidad mundial con el genocidio de Israel, dado que pretende cortar el flujo de armas, aviones de combate y componentes militares hacia Israel. Solo una campaña transnacional, capaz de aumentar los costes legales, financieros y políticos de permitir el genocidio, puede exigir una responsabilidad real a los Estados y las empresas que se benefician del tráfico de armas, que se convierten en una lluvia de muerte sobre la población de Gaza. La relación entre Maersk y el programa F-35 proporciona al movimiento internacional a favor de un embargo de armas un claro mandato: para detener los bombarderos F-35 de Israel, primero hay que detener a Maersk.
Recomendamos leer: Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, «Anatomía de un genocidio. Informe de la Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, Francesca Albanese», Huda Ammori, «Palestine Action: sabotaje a la industria bélica israelí», Asa Winstanley, «Starmer pretende declarar organización terrorista a Palestine Action», Diario Red; Ilan Pappé, «Fantasías de Israel. ¿Puede sobrevivir el proyecto sionista?» y «El colapso del sionismo», Haim Bresheeth-Žabner, «Las FDI, la construcción de la nación y el militarismo israelí», Omar Barghouti, «Por qué creo que el movimiento BDS nunca ha sido más importante que ahora» y Fréderic Lordon, «El fin de la inocencia», todos ellos publicados en El Salto, y «El sionismo y su destino», Diario Red.
Este artículo se ha publicado originalmente en The Electronic Intifada y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.


