De acuerdo con las estimaciones provisionales de cierre del actual ejercicio 2024 del Puerto de Gijón, el tráfico de mercancías por la dársena gijonesa se elevará a 15.883.950 toneladas, que suponen una disminución del 17,2 respecto al ejercicio anterior.
A ello ha contribuido decisivamente el menor tráfico de graneles sólidos – en especial el carbón – con una merma en los muelles comerciales de más del 64%, al contrario que los graneles líquidos que se ven incrementados en más del 31%, con más de 1,7 millones de toneladas.
La tendencia a la baja del tráfico granelero incide también en las operaciones que se llevan a cabo a través de la EBHI – un 15,7% menos –, con 7,3 millones de toneladas, lastradas por la disminución del carbón térmico, menos del 66%, que no puede compensar el crecimiento del 4,3% del siderúrgico y el mineral de hierro.
COMENTARIOS DE AEMC
Año tras año, desde que se aprobó la ampliación forzada del puerto, se viene confirmando la inconsistencia del proyecto, lo aberrante de su ejecución, y la falta de criterios objetivos de sus protagonistas y cómplices.
El despropósito ha sido mayúsculo y por muchos motivos escandaloso. La torpeza interesada que presumiblemente impulsó la hormigonada se debería tener en cuenta para futuras ocasiones. Ahora lo que corresponde a los herederos políticos de aquellos promotores es evitar que el puerto sea un recinto ocioso, una infraestructura infrautilizada, un recurso costoso en manos de grupos organizados, pero carentes de conocimientos y de proyección portuaria. Un puerto como El Musel no ha de ser un instrumento al servicio de intereses políticos devaluados. Asturias no merece ser penalizada con tributos al pasado. A un pasado muy meritorio, pero pasado.


