Cinco marineros han muerto este martes en el naufragio del pesquero portugués Carlos Cunha, una embarcación ya protagonista de un trágico suceso en el pasado que vuelve a ser víctima de la crueldad del mar. Tras dos días de rastreo, este jueves la Marina portuguesa ha dado por cerrada la operación de búsqueda de los cuatro tripulantes que estaban desaparecidos, confirmando el dramático balance del siniestro.
El barco, ahora con bandera lusa, está ligado a la historia marítima de A Mariña. El 22 de febrero de 2005, cuando operaba con base en Burela bajo el nombre de Siempre Casina, estuvo a punto de irse a pique frente a las costas de Ribadeo y fallecieron ocho de sus nueve tripulantes.
Tras el trágico evento, el barco fue adquirido en 2008 por el armador portugués António Cunha, propietario de la empresa Baleeira Pescas. Fue entonces cuando la embarcación fue rebautizada como Carlos Cunha y estableció su base en Vila Praia de Âncora, manteniendo desde entonces su bandera portuguesa y operaciones.
Casi veinte años después, la tragedia golpea de nuevo al pesquero al naufragar en aguas de Portugal. La alerta por el siniestro se activó a las 07:50 de este martes, gracias a la señal de la radiobaliza de localización (EPIRB) del barco. El Carlos Cunha, que había zarpado el 9 de diciembre del puerto de Vigo, donde amarraba con frecuencia, transportaba a siete tripulantes de nacionalidad indonesia. Según la Armada portuguesa, la causa probable del hundimiento fue una entrada de agua mientras navegaba.
Un buque pesquero que se encontraba en las proximidades acudió al lugar del naufragio y logró rescatar a tres de los siete marineros. Estos fueron hallados a bordo de una balsa salvavidas. Dos de ellos sobrevivieron pero uno estaba ya muerto. Este jueves la Marina dio por cerrada la búsqueda de los otros cuatro tripulantes. En las operaciones participaron un navío patrulla de la Marina, el NRP Figueira da Foz, un avión de la Fuerza Aérea y dos barcos de pesca que estaban en las inmediaciones.

